lunes, 31 de agosto de 2009

Volvé, Cortázar, ¿qué te cuesta?

Al escribir la entrada anterior recordé este texto, uno de los más hermosos de Julio Cortázar (en mi opinión)

Pénetrez le secret doré

Tout n’est qu’une flamme rapide

Que fleurit la rose adorable

Et d’où monte un parfum exquis

Apollinaire, Les collines


«Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía —sábelo, allí donde estés— es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza las gargantas, sino esa vaga equívoca fragancia que deja la pipa en los dedos y que en algún momento, en algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de delicia para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espalda contra el blanco velamen de las sábanas.

.....No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hacía de tu rostro una máscara de joven faraón nubio. Creo que siempre estuvo entendido que sólo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas, imperiosas geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco amable o resistido, de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada poza, cada río, cada colina y cada llano los ganamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajera de ti misma, máquina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta antílope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.

.....Yo aprendía contigo lenguajes paralelos; el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo preciso que lo abarca todo en un instante que es como un vórtice, sé que dijiste: “Me da pena”, y yo no comprendí porque nada creía que pudiera apenarte en esa maraña de caricias que nos volvía ovillo blanco y negro, lenta danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presión liviana de unos muslos, de unos brazos, rotando blandamente y desligándose hasta otra vez ovillarse y repetir las caídas desde lo alto o lo hondo, jinete o potro, arquero o gacela, hipogrifos afrontados, delfines en mitad del salto. Entonces aprendí que la pena en tu boca era otro nombre del pudor y la vergüenza, y que no te decidías a mi nueva sed que ya tanto habías saciado, que me rechazabas suplicando con esa manea de esconder los ojos, de apoyar el mentón en la garganta para no dejarme en la boca más que el negro nido de tu pelo.

.....Dijiste: “Me da pena, sabes”, y volcada de espaldas me miraste con ojos y senos, con labios que trazaban una flor de lentos pétalos. Tuve que doblarte los brazos, murmurar mi último deseo con el correr de las manos por las más dulces colinas, sintiendo cómo poco a poco cedías y te echabas de lado hasta rendir el sedoso muro de tu espalda donde un menudo omóplato tenía algo de ala de ángel mancillado. Te daba pena, y de esa pena iba a nacer el perfume que ahora me devuelve a tu vergüenza antes de que otro acorde, el último, nos alzara en una misma estremecida réplica. Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel, que descendí volcándote hasta sentir tus riñones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en el pasaje hurtado y prieto que se negaba al goce de mis labios mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba tu pena una última defensa abandonada.

.....Con el perfume del tabaco rubio en los dedos asciende otra vez el balbuceo, el temblor de ese oscuro encuentro, sé que mi boca buscó la oculta boca estremecida, el labio único ciñéndose a su miedo, el ardiente contorno rosa y bronce que te libraba a mi más extremo viaje. Y como ocurre siempre, no sentí en ese delirio lo que ahora me trae el recuerdo desde un vago aroma a tabaco, pero esa musgosa fragancia, esa canela de sombra hizo su camino secreto a partir del olvido necesario e instantáneo, indecible juego de la carne que oculta a la conciencia lo que mueve las más densas, implacables máquinas del fuego. No era sabor ni olor, tu más escondido país se daba como imagen y contacto, y sólo hoy unos dedos casualmente manchados de tabaco me devuelven el instante en que me enderecé sobre ti para lentamente reclamar las llaves del pasaje, forzar el dulce trecho donde tu pena tejía las últimas defensas ahora que con la boca hundida en la almohada sollozabas una súplica de oscura aquiescencia, de derramado pelo. Más tarde comprendiste y no hubo pena, me cediste la ciudad de tu más profunda piel desde tanto horizonte diferente, después de fabulosas máquinas de sitio y parlamentos y batallas. En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos se despierta la noche en que tuviste tu primera, tu última pena. Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta, quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo».


Julio Cortázar, «Tu más profunda piel», Último round


Me he retrasado en ver Enemigos públicos, de Michael Mann, pero ya está solucionado. Voy a empezar por lo más superficial haciendo honor a una afirmación con la que, cada día, estoy más de acuerdo: «la piel es lo más profundo»... Johnny Depp sigue siendo el hombre más guapo del mundo, de largo y con diferencia... De este mundo y de los otros posibles mundos porque no sé muy bien a cuál pertenece... Al del cine mudo, sin duda.
.....Enemigos públicos es una película de género, de gángsters, y muy bien hecha. A mí me gustan las películas de género porque reconozco los elementos (en una de las primeras escenas de ésta, el cochecito del bebé, por ejemplo, o —dice La Moni— la cabaña donde se refugian...). Digo esto porque la originalidad no siempre es un punto positivo y el afán de buscarla destroza buenas historias, creo.
.....Tiene muy buen ritmo, está muy bien contada, con elementos que el espectador debe ir encajando, con algunas escenas memorables (la fuga «en dominó», por ejemplo, o la «visita» que hace a la brigada que lleva su nombre... John Dillinger y que nos mantiene con el alma en vilo (porque, por supuesto, y ésta es otra premisa de las películas de gangster, el espectador está del lado «del mal»...). Y no te digo nada si, encima, está enamorado...
.....Por cierto, que aparece el inicio de esa parte del lado «del bien»: el fbi y sus métodos firmemente democráticos...
.....La originalidad radica, en mi opinión, en los encuadres... Contrapicados y planos medios-cortos que expresan poder, cercanía, belleza (la mirada al baile de Billie...). Y la banda sonora... En fin, pincha aquí y verás qué temas. No necesitan comentarios ¿verdad? Sólo uno: ¡qué grande Billie xD!...

Nota: la foto del cartel la he cogido de Blog de cine

domingo, 30 de agosto de 2009

J1 dice que yo no veo cine, que me someto a catarsis cinematográficas. Y creo que tiene razón. Me pasa lo que a algunas personas con el dulce, que tienen repentinos ataques de hipoglucemia y necesitan remediarlos con la palmera más grande de la pastelería... Estos atracones tienen mucho que ver también con las ofertas del cine-club, claro... Y de la catarsis veraniega quería comentar algunas cosas de algunas pelis que me han llamado la atención:

.....Por ejemplo, la interpretación de Isabelle Huppert en La pianista (de Michael Haneke).Una actriz capaz de aguantar un plano-secuencia sin decir una palabra expresando una tormentosa vida interior y una soberbia necesaria a través sólo de la mirada. Hay escenas sórdidas, bloqueos emocionales que ella es capaz de transmitir, por ejemplo, sujetándose la rebeca.

.....La peli me pareció como un interrogatorio: molesta y, por tramos, dolorosa. Dura, sí, pero no por la escena que todo el mundo me comentaba (para quien la haya visto: la cuchilla...), sino porque el planteamiento final (para mí, claro, perdón por el vistazo al ombligo) es: ella es una mujer cuarentona, atormentada, dominada, intransigente, masoquista... Enferma, en fin, lo que la sociedad denominamos enferma. Pero... ¿y él? Porque él es joven, inteligente, hermoso, fuerte, alegre, con una buena posición económica, con éxito profesional y personal. ¿Por qué entra en la perversión?... ¿Qué mecanismo opera en ellos —y en nosotros a partir del desasosiego que nos produce— para arrastrarlos a la autodestrucción? Hay escenas «de sacrificio»; autoinmolación emocional en aras de huir del placer y del amor... Espacios cerrados, oscuros, escondidos, vigilados. Y creo que nos reconocemos en ello, de ahí que la película fuera frontalmente rechazado por algunos...

Viñeta de Liniers hoy, un poema de Ángel González...

Mucho les importa la poesía.

Hablan constantemente de la poesía,

y se prueban metáforas como putas sostenes

ante el oval espejo de las oes pulidas

que la admiración abre en las bocas afines.

Aman la intimidad, sus interioridades

les producen orgasmos repentinos:

entreabren las sedas de su escote,

desatan cintas, desanudan lazos,

y misteriosamente,

con señas enigmáticas que el azar mitifica,

llaman a sus adeptos:

..................................Mira, mira...

Detrás de las cortinas,

en el lujo en penumbra de los viejos salones

que los brocados doran con resplandor oscuro,

sus adiposidades brillan pálidamente

un instante glorioso.

................................ Eso les basta.

Otras tardes de otoño reconstruyen

el esplendor de un tiempo desahuciado

por deudas impagables, perdido en la ruleta

de un lejano Casino junto a un lago

por el que se deslizan cisnes, cisnes

cuyo perfil

..................—anotan sonrientes

susurra, intermitente, eses silentes:

aliterada letra herida,

casi exhalada

......................—puesto que surgida

de la aterida pulcritud del ala—

es un S.O.S. que resbala

y que un peligro inadvertido evoca.

¡Y el cisne-cero-cisne que equivoca

al agua antes tranquila y ya alarmada,

era tan sólo nada-cisne-nada!


Pasados terciopelos sus éxtasis sofocan.


«Oda a los nuevos bardos», en Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan (1976)


y una curiosidad: ¿a quién puede referirse el poeta —Ángel, me refiero— cuando pasa de las siglas que forman cisne-cero-cisne (es decir, SOS) a nada-cisne-nada (es decir, OSO)?... (pista maliciosa: en 1970, José María Castellet había publicado Nueve novísimos poetas españoles)

Íbamos el otro día por Cimavilla con unos compañeros emigrantes asturianos en Lieja (Bélgica) que Cellero había conocido cuando fue a contar allá, cuando en la terraza del chigre «El requexu» unos paisanos (pero sobre todo una paisana) estaban cantando una canción muy conocida en la costa asturiana: Ye de Verdiciu... Y volví a pensar que el primer lenguaje, el lenguaje primigenio (qué pedante ¿verdad?) del ser humano como colectivo fue el cantar, la música. Fijo, pero fijo, fijo. Porque la estrofa que dice «Si una vez o dos al mes / baxa a la villa al mercáu / toos la miren de llau / ya dicen neña: qué guapa ye...» la cantamos todos. Necesitábamos cantarla todos. Cuando digo todos digo todos los que en ese momento pasábamos por allí (y éramos bastantes, malpensaos...) Y los emigrantes asturianos de Lieja (no voy a decir aquí eso de que todos los emigrantes asturianos somos «leyenda urbana»... Ya está suficientemente extendido y criticado) Imaginaos... Esta gente que lleva más de 40 años allá, que hablan francés y... que quedarán allá.
.....Momentos. Son momentos de esos que se te quedan grabados en el alma. Luego, intelectualizando que es gerundio, pensé que el pueblo asturiano ye un pueblo cantarín. A la mínima y con una botellina... ¡Hale, a cantar!... ¿O tengo una visión equivocada?

sábado, 29 de agosto de 2009


La danza

Y sin embargo

no abandonaste nunca el campo

a lo que te agredía y rehusaba;

jamás cediste

al insistente acoso

de las estrellas cada vez más próximas

ni hurtaste el cuerpo a sus lanzadas.

Para vencer el miedo

te aliaste con el miedo,

lo hiciste tuyo,

te amparaste en su turbia compañía.

Librarte de él hubiera equivalido

a renunciar a la esperanza

y eso jamás lo hiciste.

Aunque bien sabías

que es la esperanza la que engendra el miedo.


«Glosas en homenaje a C.R.» (IV), Ángel González en Otoños y otras luces (2001)


Nota: Las siglas C.R. corresponden al poeta Claudio Rodríguez, compañero de generación (o, como ellos preferían, grupo poético de los años 50)

Placerísimo 1: volver a la cama después de desayunar.

viernes, 28 de agosto de 2009

Metáforas

En la playa de San Lorenzo (Gijón, Asturies), 9 horas a.m. del 27 de agosto:
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Muyer 1 (entra en el agua): ¡Ay, ay, ay!
Muyer 2 (que lleva un rato en el agua): ¡Calla, ho, que ye la primera impresión, luego pasa!...
Muyer 1: Ya sé que ye un momentín, pero el ay, ay, ay hay que decirlo...
_______

En un restaurante japonés, algún día de estos:
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Chica 1: A mí con los amores me pasa lo mismo que con las plantas, que los ahogo por exceso de riego.
Chica 2: A lo mejor es que no has dado con la planta a la que le vaya tu sistema de riego... No te empeñes en los cactus...

jueves, 27 de agosto de 2009

Xixón

«Sólo el sueño ve con la mirada», Libro del desasosiego, Fernando Pessoa.

miércoles, 26 de agosto de 2009

O..........te cortas el pelo tú

o...........te lo cortamos nosotros,

.

y..........encienden los mecheros

y..........se descojonan vivos.

.

O..........te cortas el tomo tú

o...........te lo cortamos nosotros,

.............tú verás colega, tú mismo.

.

.............Son cuatro

.............Los cuatro hijos de puta

.............que mandan

.............en la galería de los menores.

.............Los kíes.

.............Forman un círculo a mi alrededor.

.

.............Qué, julai?

.............Te lo vas a cortar o qué?

.

.............Hoy es martes.

.............Vienen a verme los viejos.

.............Entro en el locutorio

y...........mi madre dice:

.

.............Te has cortado el pelo!

.............Menos mal que te dio por cortarlo,

.............ya parecías un quinqui

.............con esas melenas.

.

.............Esto ya es otra cosa,

.............dice mi padre.

.............Ahora ya pareces un hombre.

.

«Cualquier parecido es pura coincidencia», David González en El demonio te coma las orejas (1997-2008)

Naciones celtas (Pa La Moni)

martes, 25 de agosto de 2009

Despertar para encontrarme
esto:
la vida así dispuesta,
el cielo
turbio, la lluvia
que lame los cristales.
.
Abrir los ojos para ver
lo mismo,
poner el cuerpo en marcha para andar
lo mismo,
comenzar a vivir, pero sabiendo
el fracaso final de la hora última.
.
Si esto es la vida, Dios,
si éste es tu obsequio,
te doy las gracias —gracias— y te digo:
Guárdalo para ti y para tus ángeles.
.
Me hace daño la luz con que me alumbras,
me enloquece tu música
de pájaros,
pesa tu cielo demasiado,
oprime,
aplasta, bajo y gris, como una losa.
.
Todo está bien, lo sé.
Tu orden
se cumple.
.
.....................Pero alguien
envenenó las fuentes
de mi vida, y mi corazón es
pasión inútil, odio
ciego, amor desorbitado,
crisol donde se funden
contrariedades con contradicciones.
.
Y mi voluntad sigue,
inútilmente,
empeñada en la lucha más terrible:
vivir lo mismo que si tú existieras.
..
«Reflexión primera», Ángel González, en Sin esperanza, con convencimiento (1961)
Placerísimo: meterse en la mar después de la carrera en un día nublado. ¡Uf!...
Sueño cumplido: viajar en la red de ferrocarriles de vía estrecha. Creo que ya se ha convertido en obsesión. El de la taquilla me pregunta: «¿Qué, pa ónde güei?»
.....Uviéu tá perguapa. El Templo de San Juan el Real es una de las iglesias más hermosas que haya visto (y he visto unas cuantas) y, sin embargo, tampoco está libre de aberrraciones arquitectónicas: un estanco y una inmobiliaria encajados en uno de sus laterales rompen la mágica suspensión... Me vienen unas palabras de Cristo (que, no en vano una estudió en un cole de monjas: «Habéis convertido el templo de mi Padre en una cueva de ladrones»)

.....La Cámara que, según la tradición, conserva el lienzo que cubrió la cara de Cristo huele a sangre. Lo juro. La foto de la torre la hice pensando en el hombrín que fae un corte de mangas a Vetusta... Esta historia la podéis encontrar en Para parar las aguas del olvido, de Paco Ignacio Taibo I.

.....Sally habló con Ana Ozores de sus respectivas experiencias con sapos...: «Llegó a la capilla del Magistral y cerró con estrépito.
.....Después de cerrar tuvo aprensión de haber oído algo allí dentro; pegó el rostro a la verja y miró hacia el fondo de la capilla, escudriñando en la obscuridad. Debajo de la lámpara se le figuró ver una sombra mayor que otras veces...
.....Y entonces redobló la atención y oyó un rumor como un quejido débil, como un suspiro.
.....Abrió, entró y reconoció a la Regenta desmayada.
.....Celedonio sintió un deseo miserable, una perversión de la perversión de su lascivia: y por gozar un placer extraño, o por probar si lo gozaba, inclinó el rostro asqueroso sobre el de la Regenta y le besó los labios.
.....Ana volvió a la vida rasgando las nieblas de un delirio que le causaba náuseas.
.....Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo.» (Leopoldo Alas, «Clarín». Éste es el final de su novela más conocida, La Regenta). Como no suelo viajar con los dos volúmenes, he cogido el fragmento de Cervantes virtual.

.....Visita obligada y placentera a librerías: en la Cervantes trabajaron Manuel Lombardero y Paco Ignacio Taibo I, después Ojanguren y Trabe, donde compro El demonio te coma las orejas de David González y Viaxe de tíu Pacho el sordu a Uviedo, de Enriqueta González Rubín, la primera novela escrita en asturiano (1875).

.....Ya por la noche Tuenda en El Carbayedo (Avilés). Ambás cantó y nosotros escuchamos bajo una lluvia que pasaba de orbayu en varios metros cúbicos...

En Llanes, hay palabras por los caminos y una casa violeta (en Barcelona también, al lado del parque Güell...). Qué lindo sería el mundo con gente, casas e intenciones violeta... Como por ejemplo, la interculturalidad...

.....El Pola (que fluctúa: de quinqui a educador social; de educador social a quinqui...) lanzó sus críticas políticas y su historia de macarra en Cimadevilla. Me chocó mucho oír, en asturiano, una historia que, según mi punto de vista cultural, tendría lugar en Vallecas o San Blas: esos chavales de mi generación que o se perdieron o estuvieron a punto de perderse en un tiempo en el que llegabas a un bar y podías pedir un refresco y una papelina...

.....Dixebra está como siempre pero mejor que nunca y su público cada vez más interesante: padres, fíos, fías, pijos, punkies y el Copón bendito en Poniente si hiciera falta. Xune punto, aparte y amén.

sábado, 22 de agosto de 2009

Creo que D.H. Lawrence es uno de los escritores (e incluyo a las escritoras) que mejor expresa el deseo de las mujeres. Huye de lo obvio, de lo zafio y facilón. Es una imagen simple, pero utiliza las palabras como los mineros los barrenos: dinamita la superficie para rozar el centro. Escribe de forma elegante y eficaz, con historias donde los vericuetos sentimentales y mentales se entrelazan, se buscan y se complican, nos guía por nuestra propia verdad (o negación de verdad o búsqueda de...). Expresa también, de forma magnífica a mi entender, la filtración de la clase obrera en la burguesía y la reacción de los burgueses... Hace muchos años que leí El amante de Lady Chaterley, y ahora disfruto de Mujeres enamoradas... O sea, mar, literatura, casadielles y sidra...
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«Y sin embargo, su alma era torturada e indefensa. Incluso mientras avanzaba hacia la iglesia, segura de que, en todos los aspectos, se encontraba fuera del alcance de los juicios vulgares, perfectamente sabedora de que su apariencia era perfecta y en todo acabada, de acuerdo con los más elevados criterios, sufría, bajo su confianza y su orgullo, la tortura de sentirse a merced de hirientes ataques, de la burla y el desprecio. Siempre se sentía vulnerable; siempre hubo una secreta grieta en su armadura. Aunque ni siquiera ella sabía en qué consistía esa grieta. Faltaba vigor a su personalidad, carecía de natural suficiencia; había, en su interior, un terrible vacío, una laguna, una deficiencia de su ser.»
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«Birkin no creía en la existencia del accidente. Todo estaba unido, en el más profundo sentido.»
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«—¿No crees en la necesidad de tener ciertas normas de comportamiento?
—Normas no. Odio las normas. Sin embargo, reconozco su necesidad para quienes no son nadie. Todo aquel que sea algo puede ser él mismo y actuar como le plazca.»
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«[...] Pero debes tener en cuenta que, en la actualidad, lo verdaderamente elegante es ser total y absolutamente ordinario, perfectamente corriente, igual que la gente de la calle, de tal manera que se pueda considerar una obra maestra de humanidad, sin ser, realmente, como la gente de la calle, sino una creación artística...»
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«Pasaban entre bloques de viviendas de mineros. En el patio trasero de algunas viviendas se veía a algún que otro minero, lavándose al aire libre, en la tarde calurosa, con el torso desnudo, con los anchos pantalones de burda tela caídos por debajo de las caderas. Mineros ya limpios, sentados en cuclillas, con la espalda en la pared de la casa, hablaban o guardaban silencio, gozando de puro bienestar físico, cansados, en físico descanso. Hablaban con fuerte entonación, y el acento abierto del habla dialectal acariciaba curiosamente la sangre. A Gudrun le parecía que aquel sonido la envolvía en caricias de obrero; en el ambiente había el eco de hombres físicos, una atractiva densidad de trabajo y virilidad impregnaba el aire. Pero eso se encontraba en todo el distrito minero, por lo que sus habitantes no se daban cuenta.
.....Sin embargo, para Gudrun constituía una realidad fuerte y, en parte, repulsiva. Jamás había sabido por qué Beldover era tan profundamente diferente de Londres y del sur, por qué se tenía la impresión de vivir en otro planeta. Gudrun se dio cuenta de que aquél era el mundo de los recios hombres de las entrañas de la tierra, que pasaban la mayor parte de su tiempo en la oscuridad.»
D.H. Lawrence, Mujeres enamoradas, Barcelona, Debolsillo, 2006 (traducción de Andrés Bosch y prólogo de Belén Gopegui)
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Y más cosas: ayer Felpeyu y mañana Dixebra en la playa de Poniente (22:30)... Y El Pola a las 19:30 horas en la plaza de la Corrada...

viernes, 21 de agosto de 2009

La batería del móvil. La batería de la cámara. La batería del portátil. La batería del cepillo de dientes... Y mi batería:

miércoles, 19 de agosto de 2009

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Ver el otro día a El Cabrero me hizo recordar esta bulería (versión del tango escrito por José Dicenta Sánchez y musicado por Alberto Cortez) que se titula El amor desolado (na menos) y contiene dos de los versos más bellos que yo he escuchado en la vida. Pero, bueno, que cada cual elija el suyo. y, ahora sí... ¡al mar!
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Yo puse el esfuerzo y ella la desgana,
yo el hondo silencio y ella la palabra
yo senda y camino, ella la distancia
yo puse los ojos y ella la mirada.
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Quise entre mis manos retener el agua
y sobre la arena levanté mi casa
me quedé sin manos, me quedé sin casa
fui raíz oscura, ella tronco y rama.
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Para que la cuenta del amor sumara,
ella puso el cuerpo; yo el cuerpo y el alma
era toda viento, yo todo montaña
yo pura resina, ella pura llama.
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Una noche oscura, se fue de mi casa
segaron mis ojos, para no mirarla
para no seguirla, cerré las ventamas
clausuré las puertas cuando se marchaba.
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Puse rosas negras sobre nuestra cama
sobre su memoria puse rosas blancas
y a la luz difusa de la madrugada
me quité la vida para no matarla.
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Yo lo puse todo: vida, cuerpo y alma
ella, Dios lo sabe, nunca puso nada
nunca, nunca, nunca,
nunca puso nada.
Me acuerdo de cuando las mujeres pedían un corto de cerveza.
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¡Al mar!

martes, 18 de agosto de 2009

Medalla de oro (también) para su sonrisa, es evidente...

Estaba yo el otro día en el Café Central tomando un gin-tonic e intentando leer un sesudo artículo sobre la poesía de Ángel González cuando la oreja se me puso del tamaño de un autobús: una pareja cortejaba en la mesa de al lado. Tendrían como treinta y tantos años. Hablaba más él pero a ella, cuando intervenía, se le notaba muy serena y segura de sí misma (aunque nunca pude oírla porque hablaba bajito). Llegó el momento (ya habían tratado el tema de colegios, institutos, universidad, gustos culinarios y vacaciones…) de hablar sobre los gustos musicales y literarios. Él reconocía no tener «cultura musical» (así lo decía), pero reconocía que la «sensibilidad en la buena música también se adquiere». Ponía (él) el ejemplo de la ópera que, en un principio, no gusta pero luego es capaz de producirte emociones intensas y elevadas. Fue entonces cuando comparó la música con la poesía. De hecho dijo (más o menos, claro, que, aunque una es cotilla, le da pudor que los demás tengan constancia directa de ello y entonces disimula...: «Con la música pasa lo mismo que con la poesía [dijo]. Que al principio tienes que hacer un esfuerzo porque es un lenguaje extraño [yo estaba a punto de decirle a la chica que este hombre prometía…], pero, después, le vas cogiendo el gusto y es como una droga». ¡Toma ya! Lo mejor de todo era que el chico parecía sincero, daba la sensación de que tenía necesidad de decirle eso a alguien…
…..Y aquí surgió Ángel González. Enredando. Como Cortázar y Felisberto. No pueden parar, les gusta pasearse de mesa en mirada, de idea en cine y de pensamiento en palabra… Y de cortejo en cortejo. Y enredarse (los tres) con la música… En cuanto ven una nota propicia… ¡alehop!, ahí están. Comenzó (el chico cortejador) a decirle (a la chica cortejada) ‒y viceversa, por cierto‒que un amigo le había regalado por su cumpleaños un libro de un poeta (no se acordaba del nombre) que utilizaba unas palabras sencillas, pero que sabían llegar al alma. Que él se daba cuenta de que era poesía porque seguía el ritmo al leerlo (incluso dijo que había leído algún poema en casa, solo, en alto, para marcar el acento [remarcó lo de solo. O, bueno, a lo mejor son figuraciones mías]), pero que lo que le gustaba era que contaba historias. Historias que, además, «nos han pasado a todos» [aquí pensé que igual era un poquinín ingenuo. Pero, bueno, como andaba en lo que andaba el chaval…]. Le puso el ejemplo de un poema «que cuenta que, para que él llegara a ser quien es, ha necesitado de la conjunción de todo el universo. Y lo mejor [la emoción iba in crescendo] es que lo hace pasando por cada época biológica e histórica [así lo dijo]. Cuenta cómo ha debido pasar por cuerpos y cuerpos hasta formarse y reconocer que es sólo un fracasado. Pero, lo mejor, es que, en el último verso viene a decir que aunque fracasado, también es un éxito… O sea, lo que más o menos pensamos todos cada día para darnos fuerzas…». Al poco tiempo se fueron. No hacía falta más, claro. Porque estaba en público que, si no, me da un ataque de risa allí mismo. Tanto artículo, tanto artículo. Y te pierdes donde realmente está la poesía, joer.
…..Precisamente, con este poema solía comenzar sus lecturas Ángel González. Y lo mejor, en mi opinión, es que el chico se hubiera olvidado del nombre porque eso significa que la poesía ha cumplido su función: ser nuestra voz (esto último ha quedado un poco grande, lo sé, pero… es lo que pienso)
.
Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento…

Áspero mundo (1956)

sábado, 15 de agosto de 2009

viernes, 14 de agosto de 2009

Y (casualidades cortazarianas. A veces me asustan, de verdad) termino de colgar el cuento del Cronopio Mayor y me encuentro con la siguiente alegre, alegre, alegre ( y justa) noticia: Victoria para Zanón ¡Enhorabuena!
Graffiti, Julio Cortázar en Queremos tanto a Glenda, Barcelona, Ediciones B, 1984
J1 dice: «De la boca de Pessoa no saldría un corazón tan obvio, aunque... ¡¡¡me encantan los plantilleros!!!»

jueves, 13 de agosto de 2009

Heridos, Alberto García-Alix

Compañero: ir por la ciudad, contigo, de la mano... Y cerrar los ojos.
He sobrepasado a Perec en un año (hablo de tiempo cronológico, evidentemente)... Y a mi padre en tres (me da vértigo...)
.
«Rara vez estaría ordenado su piso, pero su mismo desorden constituiría su mayor atractivo. Lo cuidarían apenas: vivirían en él. La comodidad ambiente se les antojaría un hecho incontrovertible, un dato inicial, un estado de su naturaleza. Su atención se centraría en otras cosas: en el libro que abrirían, en el texto que escribirían, en el disco que escucharían, en su diálogo reanudado a diario»
.
«Estaba, sobre todo, el cine. Y era sin duda el único campo en el que su sensibilidad lo había aprendido todo. No debían nada a ningún modelo. Pertenecían, por su edad, por su formación, a esa primera generación para la que el cine, fue, más que un arte, una evidencia; lo habían conocido siempre, y no como forma balbuciente, sino de buenas a primeras con sus obras maestras, su mitología. A veces les parecía que habían crecido con él, que lo comprendían mejor de lo que nadie antes que ellos había sabido comprenderlo.
.....Eran cinéfilos. Era su pasión primera; se entregaban a ella cada noche, o casi»
.
Las cosas, Georges Perec, Barcelona, Anagrama, 1992

miércoles, 12 de agosto de 2009

Por las tardes, mi madre se sienta con otras mujeres en un banco al lado de la plaza. Cuando he ido a buscarla esta tarde, estaban hablando —de forma alegre— de cómo querían «pasar al otro barrio». Una decía que quería que la incineraran; otra: «Qué horror, el olor a chamusquina... ¡Y con lo mal que huele la carne quemada!»; mi madre fluctúa, unas veces dice una cosa, otras otra. Y una de ellas, con mirada traviesa, va y suelta: «Pues yo quiero que me entierren bien arreglada; ya les he dicho que mi mortaja es el vestido que me compré el año pasado para la boda de mi nieto, para que cuando llegue mi marido diga: ¡Ole!...» (su marido murió hace veinticinco años...).
¿Con qué lo redimimos,
aquel tiempo sombrío?
¿Con qué pagamos la alegría de ahora,
el envoltorio de bisutería
que ocupa el lugar
del amor verdadero, del más puro
amor forjado
en el dolor y la desesperanza?
¿Qué entregamos
como compensación de tan desigual trueque?
Las más sucias monedas: la traición, el olvido.
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«Aquel tiempo», Ángel González en Otoños y otra luces (2001)
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Este poema de Ángel González me ha recordado la viñeta que El roto publicó en El país el 16 de octubre de 2007:
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El que no sepa que aprenda: El Cabrero en Madrid
..........................I

Resuena en tus palabras
un difuso clamor de verdades oscuras,
cuando me las encuentro.
.....................................Rompen
en mi memoria, siempre
sonoras, firmes, claras,
como las olas de un mar poderoso
que sumerge y levanta,
sin devolver ni arrebatar nunca del todo,
una realidad turbia y mutilada:
el tiempo, el tiempo ido.
..................................A su conjuro,
entre gotas de sal y luz de agua,
con el tiempo
yo mismo,
restos recuperados de mí mismo
vuelven y configuran un fantasma
que dibuja en el aire un viejo gesto
—casi olvidado ya— de la esperanza.
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No todo se ha perdido;
.................................vienen
a mi memoria siempre tus palabras
—claras, firmes, sonoras—
trayéndola, llevándola.
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«Dos homenajes a Blas de Otero», Ángel González, en Prosemas o menos (1985)
Agosto en Madrid: de casa en casa cuidando animales (tres gatos -cuatro, con el López-, tres conejos y una tortuga). Las plantas aparte, claro.
Una mujer a un adolescente (¿madre e hijo? Probable). «¿Y no puede ser que hayas suspendido porque eres un vago de mierda?» Y yo me pregunto: ¿será necesario el complemento del nombre?
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En un portal de la calle Miguel Servet, una mujer a otra: «Me llamas si es que cuando subas te pega...».

martes, 11 de agosto de 2009

Hace como dos años, Daniel, mi psicoanalista, me recomendó esta película. Y yo, que soy muy bien mandada (sobre todo en recomendaciones de películas y libros), salí de la sesión y me fui directa al video-club. Cuando terminé de verla, pensé: «Pues no debo de estar tan mal cuando Daniel considera que yo puedo asimilar esta peli sin grandes estragos —sin más estragos—...». Nota bene: Daniel es un buen psicoanalista que, además, se precia de serlo (bueno. Y psicoanalista, aunque su formación inicial fue psiquiatría).
.....Es la única película que dirigió Charles Laughton, que es uno de esos actores que, con un gesto, te cuentan toda una historia (recuerdo su gesto de dolor de estómago en Testigo de cargo). Se estrenó en 1955 sin ningún éxito. Supongo que porque resulta inclasificable (de hecho, me sorprende que, en el video-club, la tengan en Cine negro...) y, a veces, cuando no sabemos dónde colocar las cosas las rechazamos... Ahora, sin embargo, se ha convertido en una peli «de culto». O sea, la historia repetida, vaya. Pero yo no creo en el canon. En ninguno.

..........La noche del cazador forma parte de mi canon personal porque trata de temas que me interesan de una manera que me gusta:
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1. Las responsabilidades que debemos asumir de niños y que no nos corresponden (por supuesto, estoy haciendo una crítica desde mi posición privilegiada de europea. Las injusticias económicas que hacen que millones de niños asuman responsabilidades laborales de esclavitud lo dejo para otra ocasión).
2. El fanatismo y lo fácil que es trasladarse de uno a otro (aunque sean antagónicos) cuando hay «caldo de cultivo» y una personalidad proclive (el personaje de la heladera, en mi opinión, es prototípico).
3. El mal. Este concepto del que discuto (en el recto sentido de la palabra «discusión») con amigos (sobre todo, en referencia a la obra de Roberto Bolaño... grande, grande, grande) sin llegar a conclusiones (el placer está en la discusión misma, claro, y en la búsqueda de ejemplos que sostengan las argumentaciones: es decir, en leer y releer... y luego cascarlo). Para mí, la pregunta sería: «¿El predicador hace lo que hace solamente por dinero o hay en su naturaleza algo que le impulsa a hacer daño?». Pero la discusión del mal, de su causa, justificación u orientación mejor que lo dejamos para otro día, también...
4. La fotografía acompaña a la narración de manera impecable y hermosa.
5. La irresponsabilidad -o dejación de responsabilidad- de la sociedad en un periodo de crisis. La historia se sitúa en el sur de EE UU en 1930 (es decir, después del año del famoso «crack»). Es habitual que los niños vaguen por la ciudad en busca de comida...

6. La poesía: la imagen de la madre en el lago es, aunque terrible, de una sugerencia y una belleza sobrecogedoras...; la bajada de la barca por el río es, realmente, un cuento. Con todos los elementos de un cuento tradicional, vaya.
7. El miedo. ¿Dónde y por qué surge? ¿A qué tenemos miedo? Recuerdo a una mujer sobreviviente de los campos de concentración. Decía que ella dormía con la puerta abierta porque no tenía miedo: había sobrepasado el horror... Pero el miedo de los niños... ¿dónde se produce la sensación de miedo si no tienen la experiencia?
8. La comprensión y la solidaridad. A pesar de que hay críticas que la tildan de «moralina»... ¡Buf!... Sería también tema de discusión pero, en mi opinión, lo que presenta la película a partir del personaje de Rachel Cooper es un código moral necesario (algo bien diferente a lo que supone la moralina: disolución de la moral a partir de la hipocresía). Cuando la vean, atención al diálogo entre la señora Cooper y la adolescente Ruby... Contar la Biblia, contarla, teniendo en cuenta qué les pueda ayudar, cuál es la historia en la que se van a sentir identificados y que les va a ofrecer consuelo no es, me parece, una forma de dogmatismo sino de compartir aquello en lo que creo... teniéndote en cuenta.

.....Como me está quedando una entrada demasiado larga, abrevio: la grandeza de la película es, para mí, su ambigüedad y su capacidad de evocar, sugerir y... movilizar nuestro pensamiento y nuestros sentimientos. Todo lo dicho anteriormente es lo que me pasa, racionalmente, a mí. Pero para los mecanismos emocionales que mueve no tengo palabras (¡menos mal! ¿Verdad?)
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La noche del cazador, (The Night of the Hunter, 1955, Charles Laughton). Basada en la novela de Davis Grubb La noche del cazador (pincha, pincha)

domingo, 9 de agosto de 2009

Giuletta Masina (grande, grande, grande) en La strada
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Para mí, el rojo y el verde era una combinación imposible hasta que vi a Giuletta en Giuletta de los espíritus... A partir de ese momento, alguien vestido (pero, sobre todo, vestida) de rojo y verde pasa a formar parte de ese mundo ingenuo y ficticio de brujitas familiares necesario para seguir... ¡un poquito más, venga! Como la flor que surge de la grieta...
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Cuéntamelo otra vez: es tan hermoso
que no me canso nunca de escucharlo.
Repíteme otra vez que la pareja
del cuento fue feliz hasta la muerte,
que ella no le fue infiel, que a él ni siquiera
se le ocurrió engañalarla. Y no te olvides
de que, a pesar del tiempo y los problemas,
se seguían besando cada noche.
Cuéntamelo mil veces, por favor:
es la historia más bella que conozco.
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Cuéntamelo otra vez, Amalia Bautista Granada, La Veleta, 1999
Aprovechando las grietas...

Sally y su nostalgia de la nieve...

sábado, 8 de agosto de 2009

Arrebatadamente te persigo.
Arrebatadamente, desgarrando
mi soledad mortal, te voy llamando
a golpes de silencio. Ven, te digo
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como un muerto furioso. Ven. Conmigo
has de morir. Contigo estoy creando
mi eternidad. (De qué. De quién.) De cuando
arrebatadamente esté contigo.
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Y sigo, muerto, en pie. Pero te llamo
a golpes de agonía. Ven. No quieres.
Y sigo, muerto, en pie. Pero te amo
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a besos de ansiedad y de agonía.
No quieres. Tú, que vives. Tú, que hieres
arrebatadamente el ansía mía.
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«Tú, que hieres», Blas de Otero, Ancia, Madrid, Visor, 2000

jueves, 6 de agosto de 2009

Contradicción: una pluma tatuada en la espalda de una muchacha. Levedad indeleble...
...sa luna... Que apaguen las farolas, por dios... Dejadnos disfrutar de la belleza...

miércoles, 5 de agosto de 2009

Luna llena...

martes, 4 de agosto de 2009

Me gusta, a veces, dar a «Siguiente blog» en la barra de aquí arriba... porque te encuentras con cosas sorprendentes (lenguas inquisitivas, fotografías indagadoras, publicidad encubierta...). Y, de esta forma, me he encontrado con un cuaderno (adopto el término que utiliza Saramago para referirse a blog...) de un fotógrafo japonés de viaje por el este de Europa que me ha llamado la atención (en realidad, me ha llamado la atención porque me ha recordado a Kusturika, yo creo). Lo he enlazado en asideros (Pictologue), pero os adelanto una foto donde se ve una curiosa ¿gaita?...
.....Y ya que estamos... En septiembre, la Filmoteca presenta O Dikhipen (la mirada, en romaní) Gitanos en el cine II (continuación de la de diciembre...) Y, para terminar, Fabrizio, que hace mucho que no aparecía...