lunes, 17 de diciembre de 2012

Crónica de una alegría

Llego a casa cansada, pensando que no tengo nada para comer (fin de semana corrigiendo, sin tiempo para hacer la compra...). Recuerdo entonces que me quedaban los restos de una ensalada que preparé anoche y algo de embutido (nada conveniente por múltiples razones, ya lo sé, pero tampoco tenía ganas de ir a ningún sitio... Además, eran las cuatro y pico)
 
Apenas le he puesto la comida al López y las zapatillas a mis electrizados pies, suena el telefonillo. Pienso que sería un detalle que la telepatía pudiera darse y que alguien hubiera pensado que me apetecía una pizza o un sushi... Era un envío desde Barcelona. Abro. Comienzo a barajar posibilidades. Me entregan un sobre.nY, dentro, otro sobre. Éste, con mi nombre (la cosa comienza a personalizarse):


¡Ay, ay, ay! Y ya desde ahí, me pongo a llorar. Porque llevo mucha tensión acumulada, emociones mezcladas, estrés... Y todo el fin de semana corrigiendo, sacando medias y abriéndome el corazón con dudas, temores, acciones, omisiones y, sobre todo, silencios... Menos mal que por la noche me refugiaba en la lectura de Lo que no está escrito, de Rafael Reig, que me ha enganchado como hacía tiempo que no me enganchaba una novela... Y mira que tenía yo también prevenciones con este autor... Es una novela, en mi opinión, de lucha de clases (aparte de otras muchas cosas, pero ésta está). Pero no era de esto de lo que quería hablar ahora...

Sino de esto:


Información aquí

Como todos sus últimos discos, es, además de música, una obra de arte (la pintura es de Claude Viallat y el diseño de Celeste Prieto)


 ¿A que da gusto verlo?


Creo que ya he dicho otras veces en este cuadernín que Neruda me gustó mucho allá por la adolescencia, pero que luego he tenido un desencuentro con su poesía que me parece demasiado enfática en ocasiones, demasiado centrada en un amor individualizado, propio, un amor que siempre es desde el yo, sin ninguna generosidad. Pero tal vez -probable, muy probable- sea por cuestiones personales que no vienen al caso.
 
La única manera de que me llegue (e incluso me guste) es a través de la voz de Paco Ibáñez...

Además, no sólo está Neruda. También esta el gran César Vallejo, nuestra adorada y añorada Alfonsina Storni, nuestro Rubén y Nicolás Guillén con la imprescindible Soldadito boliviano que tantas conciencias políticas despertó.

Y luego, algunas suertudas... La dedicatoria de Paco: Canciones para Julia ;-)


Y, bueno, ya sé que la he puesto varias veces pero es que fue el día en que, realmente, salí del infierno... Muchas veces me he preguntado qué fue (tanta gente queriéndome en ese tiempo, apoyándome, aguantándome, queriéndome...). Pero... necesitaba la palabra de... la palabra de... En fin, que eso lo dejo para el psicoanalista. Que p'alante, dijo Paco. Y p'alante (a veces, nos deslizamos hacia atrás, pero... P'alante)



¡Gracias, maestro!

4 comentarios:

  1. alguien tenía que poder, y él fue tu Orfeo

    ¡Gracias maestro¡


    (por cierto, tienes que volver a lograr que las fotos salgan como deben)
    j1

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  2. Hermosa relación. Gracias.

    Gracias, miniñamorena.

    Y... sí, no sé qué pasa. Pero ya me pongo a ello.

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  3. cuando me lo prestas???? apuntamelo en mi cuenta de prestamos...
    con el proximo vino.
    Alf.

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