«El matrimonio es un espejo, siempre le descubre a uno algo
de sí mismo que habría preferido no saber. Al vivir con alguien, como al
escribir, uno se delata. La historia que contamos también nos cuenta a nosotros
nuestra propia historia, lo que no queríamos saber de nosotros mismos»
«Carlos tenía entonces treinta años y su padre había muerto
cuando él era niño. Dicen que todos los hijos de viuda se parecen, siente el
mismo miedo a la pobreza y esa confianza en su propio esfuerzo que les hace
creer que no le deben nada a nadie y les castiga con una rigidez de carácter
insoportable para los demás»
Rafael Reig, Lo que no está escrito, Barcelona, Tusquets,
2012
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