«Es la hora de salir al patio. Los alumnos tienen un aspecto
bastante extraño. Todos han colgado su cerebro en la azotea, con pinzas de
tender la ropa.
—¡Sentaos todos y escuchadme! —grita la maestra—. ¡No
tardaré en secaros a todos!
Los cerebros de los alumnos toman el sol. Pero hoy el
cerebro de Alicia abusa un poco y se reseca en exceso. Parece el rabo de un
ratón hecho un nudo.
Después, en clase, Alicia está medio alelada y se porta muy
bien. Repite las lecciones como un loro de las Bermudas, y la maestra le pone
sobresaliente en todo.
Miguel Obiols y Miguel Calatayud, Libro de las M’Alicias, Madrid,
SM, 1990
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