Sorprendentemente (para mí) éste es el poema que más les ha gustado:
Te me mueres de casta y de sencilla:
estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla.
Yo te libé la flor de la mejilla,
y desde aquella gloria, aquel suceso,
tu mejilla, de escrúpulo y de peso,
se te cae deshojada y amarilla.
El fantasma del beso delincuente
el pómulo te tiene perseguido,
cada vez más patente, negro y grande.
Y sin dormir estás, celosamente,
vigilando mi boca ¡con qué cuido!
para que no se vicie y se desmande.
Miguel Hernández, El rayo que no cesa (1934-1935)

Me sosiega saber que aún nos queda mucha esperanza. Y el cantar que no cese...
ResponderEliminarθὐρσος
Sí ¿verdad?. A mí me desasosiega saber que somos nosotros los que, a veces, no sabemos verla o valorarla, no sé... Y el cantar que no cese...
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