Llevo un tiempo pensando en cómo la vida se las ingenia para regresar las cosas a su buen ser, a la alegría y el olor de pan recién horneado (claro, en el horno de casa, en el de piedra que se limpiaba el ama Tina con la siñesta...)
Esas cosas que se pierden (como lágrimas en la lluvia, ahora que -desgraciadamente- está de moda esa voz...) por cosas de-las-que-no-me-acuerdo porque no son vida, porque son veneno artificial, inventado, superficial, externo...
Escribí el otro día que hay veces que me cuesta reconocer la alegría. Y otras en las que no, ocasiones en las que la alegría lo ocupa todo. Es cuando no la pienso, cuando se hace tan presente que no cabe el planteamiento de lo que uno siente... Cuando la alegría es. Y basta.
Reconozco la alegría cuando en mi cotidianidad aparece mi sobrino Eduardo, perdido en el bosque durante tanto tiempo -perdidos ambos en la oscuridad de un bosque que tal vez no nos pertenecía pero que había que atravesar- y felizmente reencontrado...
Porque todo, al cabo, vuelve a su ser...

hola Alicia,,me gusta lo que has escrito y me alegra que tu tambien tengas sentimientos parecidos a los mios.. será porque hemos nacido en el mismo pueblo y en el mismo tiempo y fue en ese entorno donde nuestras madres tambien crecieron por eso nos despiertan esos mismos recuerdos, aquel olor de hogazas y empanadas de sardinas y chorizo recien hechas y que mi madre hacía con tanto amor y dedicación,era todo un ritual.. el horno con leña de Freino y Ganzo la que mejor caldeaba el horno,, la pala y el Rodacho de madera de Roble que era mas dura... y el bascayo para limpiar la ceniza antes de meter el pan de Siñesta ..... tu amiga y compañera.. Mari
ResponderEliminar¡Bueno, y entrar en tu casa y ese olor del pote que preparaba Rosario!... ¡Ay, ay, ay, pordiós! (no quiero ponerme nostálgica porque es un sentimiento reaccionario, pero daría cualquier cosa por un platín de ese pote ahora...) Snif.
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