viernes, 4 de enero de 2013


«En 1954, o 55, decidí escribir un cuento. Ya había escrito bastantes párrafos bonitos con algunas frases de primer orden en ellos, pero no sabía cómo hacer hablar a los hombres y a las mujeres, ni podía encontrar un hilo narrativo en esos escritos en prosa. […]
       Pero en 1954, o 55, necesitaba hablar de una manera imaginativa acerca de cómo eran nuestras vidas, las de las mujeres y las de los hombres, por aquel entonces. Algo que sólo yo sabía me causaba una verdadera opresión física en el pecho, a la derecha del corazón, quizá. Comenzaba a sufrir la compulsión del narrador: ¡Escucha, tengo que decirte algo! […] Otros escritores lo han descubierto con naturalidad, fácilmente, pero yo, al parecer, había contado hasta entonces gracias a la ayuda de un solo oído, el oído conectado con la literatura»
              
Grace Paley, «Dos oídos, tres golpes de suerte», en Cuentos completos, Barcelona, Anagrama, 2005

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