«En
1954, o 55, decidí escribir un cuento. Ya había escrito bastantes párrafos
bonitos con algunas frases de primer orden en ellos, pero no sabía cómo hacer
hablar a los hombres y a las mujeres, ni podía encontrar un hilo narrativo en
esos escritos en prosa. […]
Pero
en 1954, o 55, necesitaba hablar de una manera imaginativa acerca de cómo eran
nuestras vidas, las de las mujeres y las de los hombres, por aquel entonces.
Algo que sólo yo sabía me causaba una verdadera opresión física en el pecho, a
la derecha del corazón, quizá. Comenzaba a sufrir la compulsión del narrador:
¡Escucha, tengo que decirte algo! […]
Otros escritores lo han descubierto con naturalidad, fácilmente, pero yo, al
parecer, había contado hasta entonces gracias a la ayuda de un solo oído, el
oído conectado con la literatura»
Grace
Paley, «Dos oídos, tres golpes de suerte», en Cuentos completos, Barcelona, Anagrama, 2005
No hay comentarios:
Publicar un comentario