«[…]
gritó una sola vez, unlargo grito, con
la boca abierta, como si hubiera querido librarse de una vez de todos los
gritos que el dolor había acumulado en ella»
«Hay
seres que justifican el mundo, que ayudan a vivir con su sola presencia»
Albert
Camus, El primer hombre (traducción Aurora Bernárdez), Barcelona, Tusquets,
1994
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