domingo, 6 de enero de 2013

A las dos de la mañana recibí un mensaje de mi comadre: iba camino de León porque su padre está en la uvi.
 
Desayuno con mis ahijados, ajenos y conscientes de la situación a un tiempo. ¡Qué fuertes son los niños, qué frágiles, qué vida!...
 
Así que hoy, en el día de Reyes, un poema para don Antonio Herreros...
 
Al final morimos con las manos vacías,
la desnudez nos devuelve
al reposo del sueño que fue nuestro origen,
¿para qué la fama, el éxito,
los bienes acumulados con afán?,
tuvimos un camino para andar por el mundo
y después nos quedamos sin pasos
al desmoronarse el edificio de la vida,
así ha sido siempre para grandes y pequeños,
para todos,
siendo como somos tan perecederos,
tú, yo, él y todos hasta la postrera hora
que por fin iguale
nuestros afanes, nuestras contiendas,
en la hora cumplida en que morimos con las manos vacías.
 
Xabier Lete, Las ateridas manos del alba (traducción de Jabier Imaz Aierbe y José Ángel Irigaray), Pamplona, Pamiela, 2008

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