domingo, 9 de diciembre de 2012

«Te equivocas —contestó el malvado ser—, pero, en vez de amenazarte, estoy dispuesto a razonar contigo. Soy un malvado porque no soy feliz; ¿acaso no me desprecia y odia toda la humanidad? Tú, mi creador, quisieras destruirme y lo llamarías triunfar. Recuérdalo y dime, pues, ¿por qué debo tener yo para con el hombre más piedad de la que él tiene para conmigo? No sería para ti un crimen si me pudieras arrojar a uno de esos abismos y destrozar la obra que con tus propias manos creaste. ¿Debo, pues, respetar al hombre cuando éste me condena? Que conviva en paz conmigo y yo, en vez de daño, le haría todo el bien que pudiera, llorando de gratitud ante su aceptación. Mas no, eso es imposible; los sentidos humanos son barreras infranqueables que impiden nuestra unión. Pero mi sometimiento no será el del abatido esclavo. Me vengaré de mis sufrimientos; si no puedo inspirar amor, desencadenaré el miedo; y especialmente a ti, mi supremo enemigo, por ser mi creador, te juro odio eterno. Ten cuidado: me dedicaré por entero a la labor de destruirte y no cejaré hasta que te saque el corazón y maldigas la hora en que naciste»
 
Mary Shelley, Frankestein

No hay comentarios:

Publicar un comentario