jueves, 12 de marzo de 2009

QUÉ RUIDO tan triste el que hacen dos cuerpos cuando
se aman,
Parece como el viento que se mece en otoño
Sobre adolescentes mutilados,
Mientras las manos llueven,
Manos ligeras, manos egoístas, manos obsecenas,
Cataratas de manos que fueron un día
Flores en el jardín de un diminuto bolsillo.

Las flores son arena y los niños son hojas,
Y su leve ruido es amable al oído
Cuando ríen, cuando aman, cuando besan,
Cuando besan el fondo
De un hombre joven y cansado
Porque antaño soñó mucho día y noche.

Mas los niños no saben,
Ni tampoco las manos llueven como dicen;
Así el hombre, cansado de estar solo con sus sueños,
Invoca los bolsillos que abandonan arena,
Arena de las flores,
Para que un día decoren su semblante de muerto.

(«Qué ruido tan triste», Los placeres prohibidos, 1931, Luis Cernuda)

1 comentario:

  1. También creo que ha debido de amar mucho (al menos sus palabras dan el pego), un privilegio.
    ¿Por qué en tantas ocasiones el dolor se hace tanto hueco en estos casos?

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