jueves, 12 de marzo de 2009

Luis Cernuda con Serafín Fernández Ferro (que lleva el oxímoron en su nombre: Serafín [ángel] y ferro: hierro. Siempre me he preguntado cómo no se daría cuenta Cernuda... Claro que a esta ruptura debemos uno de los más hermosos libros de poesía que yo conozco...)
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No solicito ya ese favor celeste, tu presencia;
Como incesante filo contra el pecho,
Como el recuerdo, como el llanto,
Como la vida misma vas conmigo.
Tú fluyes en mis venas, respiras en mis labios,
Te siento en mi dolor;
Bien vivo estás en mí, vives en mi amor mismo,
Aunque a veces
Pesa la luz, la soledad.
Vuelto en el lecho, como niño sin nadie frente al muro,
Contra mi cuerpo creo,
Radiante enigma, el tuyo;
No ríes así ni hieres,
No marchas ni te dejas, pero estás conmigo.
Estás conmigo como están mis ojos en el mundo,
Dueños de todo por cualquier instante;
Mas igual que ellos, al hacer la sombra, luego vuelvo.
Mendigo a quien despojan de su misma pobreza,
Al yerto infierno de donde he surgido.
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(«Mi arcángel», Donde habite el olvido, 1933, Luis Cernuda)
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En este libro (Donde habite el olvido, que toma su título de una de las rimas de Bécquer), Luis Cernuda incluyó un lema largo (la ocasión, supongo, lo merecía...). Dice así:
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«Como los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado, fue, ya sabéis, como en los erizos.
¿Qué queda de las alegrías y penas del amor cuando éste desaparece? Nada, o peor que nada; queda el recuerdo de un olvido. Y menos mal cuando no lo punza la sombra de aquellas espinas; de aquellas espinas, ya sabéis.
Las siguientes páginas son el recuerdo de un olvido»

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