
«Todos ustedes parecen felices...»... y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen, incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada milímetro de dicha.
Y parecen —nada
más que parecen— felices,
y hablan
con el fin de ocultar esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen como
no puedo yo ocultarla
por más tiempo: esta
desesperante, estéril, larga,
ciega desolación por cualquier cosa
que —hacia donde no sé—, lenta, me arrastra.
(en
Áspero mundo, de Ángel González)
don ángel, que siempre me hace llorar con estos poemas.
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