sábado, 10 de enero de 2009

Al salir la luna, lloré.

Una cabeza de ballena asomó de repente en el agua
y, ante mis ojos, se puso a bailar y cantar alegremente.

Pero yo no pude contener el llanto.
¿Es interminable el caudal de desdicha que alberga
mi corazón?

(«2 de febrero frío», en Hermosa soledad, de Jimmy Liao)

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