miércoles, 17 de septiembre de 2014

En 1977, junto con otras compañeras, hice un trabajo para doña Leonor, mi profe de Lengua y Literatura, por la concesión del Premio Nobel de Literatura a Vicente Aleixandre. Lucía bien bonito en el aula.
 
Empecé a pintarme la raya y eso me hacía llorar.
 
Cantábamos A desalambrar y La internacional.
 
Llamábamos al cole dando falsos mensajes de bomba para evitar los exámenes (recuerdo un viernes memorable que nos fumamos uno de Ciencias Naturales con doña Camila...)
 
Llevaba un macuto militar lleno de firmas y dedicatorias. La más bonita fue la que me escribió Ramón: Mañana cuando yo muera, no me vengáis a llorar. Nunca estaré bajo tierra, soy viento de libertad (atribuida a uno de los últimos fusilados por Franco. Lo firmó (Ramón) con la A anarquista. Teníamos un poco de confusión ideológica. Molaba.
 
En mi carpeta Centauro de cartón azul con gomas, por dentro, yo llevaba esta foto:
 
 
Y una pegatina del PSP de tierno Galván, que era una paloma... Venga, vale, la busco:
           
 
Así que me disculparán, pero tengo los ojos como un búho. Porque a ver qué hago yo ahora con mi adolescencia y mi educación sentimental... ciertamente prostituida. Que sí, que sí, que desde hace años, ya lo sé, pero es que cuando parece que ya no va más...

 
Explicación aquí.

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