sábado, 22 de febrero de 2014

No fue una muerte, fueron dos. Y no fueron muertes, fueron asesinatos.

Disculpen la arrogancia de empezar esta entrada hablando de mí, pero necesito explicar el porqué de su estructura.
 
 
Muchos amigos y muchas personas que me conocen me tachan de idealista. Cada vez se me hace más claro que esto no es cierto, pocos son los sueños en el aire que me adornan... En realidad (y no quiero escuchar ninguna risita), yo tengo espíritu científico. Literario, pero científico. La literatura es una forma de indagar cierta parte de la realidad (objeto de análisis de mi espíritu científico) que (¿se han preguntado alguna vez por qué?) alguien expulsó al cajón de lo que no es (¡no fuera a ser que exigiéramos que fuera!). Como mi Felisberto, me interesa lo otro, la mirada al sesgo, los objetos vistos por una linterna hasta que sean mis ojos los que proyecten esa luz que los traspasa y me los incorpore...
 
 
Porque lo primero que surge ante la muerte de don Antonio Machado es una gran pena, una nostalgia (estos días azules y este sol de la infancia...), una melancolía, un dolor... Rabia, a veces. Don Antonio es algo nuestro, algo muy nuestro. De algunos.
 
 
De los que no traicionaron la República.
 
 
Con todos los fallos que tuvo la República. Todos y los asesinatos (Asturias, sí; Casas Viejas, sí).
 
 
Pero él, don Antonio, la defendió. Y eso le costó la vida. A él y a su madre, doña Ana Ruiz Hernández.
 
 
Hechos (los últimos, por no extenderme)
 
Primero: en abril de 1938, don Antonio es evacuado de Rocafort (Valencia) a Barcelona. José Moreno Villa cuenta la dureza de este viaje en Mi vida en claro, por si a alguien le interesa.
 
Segundo: a finales de enero de 1939, con la guerra perdida, sale de Barcelona camino del exilio. Pasa su última noche en España (26 de enero de 1939). El día 28 llegan a Colliure.
 
Tercero: don Antonio Machado Ruiz muere el 22 de febrero de 1939, menos de un mes después de su llegada, a los sesenta y cuatro años de edad.
 
Tres días después muere su madre, doña Ana.
 
Como Cortázar, no creo en las casualidades.
 
Y es por esto que, como él dijo a través de su complementario Juan de Mairena:
 
Si la guerra viene vosotros tomaréis partido sin vacilar por los mejores, que nunca serán los que la hayan provocado.
 
Más claro, ni el agua...
 
Don Antonio por siempre.
 


1 comentario:

  1. Gracias Alice! Es tan necesario recordar estas brutalidades... Siempre me conmueve pensar en su exilio y su final.

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