La vida es dulce, de Mike Leigh.
Ya, claro, tanto, tan dulce que empalaga y produce vómitos. Pero, tal vez, lo que intenta el director es que lo leamos como un palíndromo de sentido, algo así...
No hay dulzura en esta historia, sino un grupo de personas que sobreviven como pueden (como todos, cada vez más o de forma más explícita) y a las que les va pintiparado el término freak. Bichos raros, estrafalarios, raros, fanáticos, monstruos...Y, sin embargo, va el director y los trata con un gran respeto y ternura. Desde luego, en ningún momento he tenido la sensación de que los juzgue (y, por lo tanto, juzgue mi capacidad de hacerme una idea) y eso es muy de agradecer. Y es que los personajes de esta historia, cada uno en el centro de su miseria, se observan, se conocen, se respetan y se acompañan. Y eso, en mi opinión, es mucho más de lo que nos atrevemos a desear...
Claro que, visto desde una perspectiva donde el concepto normalidad signifique, entiendo que resulte extraño. Que resulten extraños. Ante determinadas escenas, pensé en la entrevista que leí hace poco al director Haneke (aquí): Cada acto violento es fruto de una herida. Sin olvidar que ese tipo de violencia va, en muchas ocasiones -si no siempre de una u otra manera-, dirigida contra uno mismo, una misma... Acompañarse en y desde el dolor -cada cual sabe el suyo-, sin reproches ni moralinas me parece, en estos tiempos, de una originalidad pasmosa, extraña, antigua (y ya sé que hay contradicción en estos términos, pero así es). Porque parece que ahora todos sabemos lo que deben hacer los demás con sus miserias...
Vengo observando que las mujeres de Leigh ríen de forma extemporánea, histriónica, improcedente. Esto podría otorgar a sus personajes femeninos ciertas características superficiales y, sin embargo, no es así (no siempre, hay alguno que...) porque el director sabe mostrarnos cómo ellas utilizan este instrumento a modo de dinamo: desde el dolor mover la energía mecánica hasta que se convierta en eléctrica y ande por sí misma, sin necesidad de muletas. Así lo siento. Probablemente no tenga razón.
Los protagonistas son un matrimonio y dos hijas gemelas y adolescentes. Ella, la madre, ríe para espantar el miedo a la realidad, como impulso, como una manera de no caer... El padre bebe, sueña y se deja engañar. De las gemelas, una trabaja, ahorra, viaja y se viste de chico y la otra es anoréxica, se encierra en la concha de la casa y mantiene relaciones sexuales más como castigo que como placer. Y come de igual manera. Los amigos, al igual que ellos, emergen de una realidad que se adivina devastada, solitaria, sucia...
Pues bien, con este planteamiento son capaces de preguntar: ¿Necesitas ...?

has visto ¿all or nothing?
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