Alegría.
Noticia aquí.
Y su poética (para leer de rodillas, sentar después el texto en una silla y aplaudir. Pero también se permite llorar y reír...)
Escribo porque mi madre
no escribía; escribo porque no tengo jardín ni perro y vivo en un lugar sin
mar; escribo porque mi voz y sus ecos me hacen compañía; porque soy un
laboratorio y quiero difundir los resultados de mis experimentos; porque,
siempre, después de analizarme, levanto la cabeza y observo dónde me coloca lo
que he visto, y esto también tengo que escribirlo; escribo para decir «yo
también» o para preguntar «¿tú también?». Escribo para saber si tengo que
perdonarme, pedir disculpas o exigir responsabilidades. Escribo para ser
agradecida y también para cagarme en todo lo que se menea. Escribo porque sé
hacer otras cosas, pero ésta es la que elijo y la que siempre me espera.
Escribo para rescatar aquello en lo que quiero creer, lo que no puedo olvidar;
para salvar mi voz del barullo. Escribo porque entiendo a Virginia Woolf, a
Anne Sexton, a Sylvia Plath, pero yo quiero sobrevivir y seguir escribiendo.
Escribo porque quiero que se sepa con qué fuerza lo intenté, y con qué fervor
lo intentaron otros. Para hacer del fracaso un lugar habitable. Escribo para no
dejarme invadir y colonizar. Escribo para ser la primera en acusarme de
falsedad o hipocresía o cobardía, antes de que lo hagan los que se fortalecen
acusando a los otros. Escribo porque no sé gritar sin quedarme afónica. Escribo
porque una palabra precisa me aparta de la confusión. Escribo para llegar al
lugar donde las dudas ya no son defensas ni huidas, sino brazos abiertos a los
cómplices. Escribo porque a mi ansia de comprensión sólo la calma y la humaniza
la constatación de sus límites. Escribo para encontrar utilidad a las heridas.
Para que mi hija conozca lo que no supe o no me atreví a explicarle a la cara.
Escribo porque los momentos en que escribo nunca son iguales entre sí, y me
salvan de la rutina. Escribo porque la belleza no sólo consuela, sino que,
además, es lo único que me permite mirar el dolor cara a cara. Escribo para que
lo propio y lo ajeno se disuelvan. Escribo porque lo escrito es el disfraz más
honesto y más cercano a la piel que conozco. Escribo para no dar nada por sabido.

Enhorabuena, Ana. Disfrutamos mucho de tu poesía, sí señor.
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