sábado, 16 de junio de 2012

El otro día, un anónimo dejó un comentario acerca de los pacifistas y para que no haya equívocos voy a decir cuál es mi postura respecto a este tema. Yo no soy pacifista. No puedo serlo porque me tengo por una persona consciente del mundo en el que vivo. Sé que no puede haber paz mientras haya injusticia. Desgraciadamente, lejos de evolucionar hacia ese objetivo, el ser humano parece retroceder a pasos agigantados hacia mayores desigualdades que provocarán, de forma inevitable, tensión y conflicto social.

Quiero la paz, pero allá donde estén las desigualdades, la injusticia, la violencia y la explotación (evidentemente, lo que yo considere así), me encontrarán enfrente, luchando a como dé lugar...

Y lo llamarán demagogia, pero algo pasa cuando se invierte más en viajes a Marte o a la Luna que en la investigación de enfermedades o asistencia social o sanitaria. La sociedad está enferma si aceptamos que nuestros gobiernos inviertan en armas (tanques, ha comprado hoy el gobierno griego... Aquí) mientras nos recortan derechos civiles: dependencia de nuestros viejos, educación, becas, vivienda... ¿Pacífica? ¡Se me sale el corazón por la boca!


Fotografía: Eloy Alonso (Reuters)

O sea, que como dice don Antonio Machado a través de Juan de Mairena (en 1937):

«[...] No diréis, amigos míos, que os preparo en modo alguno para la guerra, ni que a ella os azuzo y animo como anticipado jaleador de vuestras hazañas. Contra el célebre latinajo, yo enseño: si quieres paz, prepárate a vivir en paz con todo el mundo. Mas si la guerra viene, porque no está en vuestra mano evitarla, ¿qué será de nosotros –me diréis- los preparados para la paz? Os contesto: si la guerra viene vosotros también tomaréis partido sin vacilar por los mejores, que nunca serán los que la hayan provocado, y al lado de ellos sabréis morir con una elegancia de que nunca serán capaces los hombres de vocación batallona.»

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