lunes, 14 de mayo de 2012

De qué sirven las cosas que no sirven para nada (III)

Durante la marcha del sábado, y ya en Sol, se me acercaron unos periodistas y me preguntaron si me importaría responder a unas preguntas. Yo, amante de El padrino, tengo cierta tendencia a estar del lado de mi gente (familia, en la obra y en la peli...) Y cuando un periodista me pregunta, yo contesto.


Porque LaMoni es periodista.

Y es que hay que marcar desde ya la diferencia de los periodistas y su vapuleada y prostituida profesión y los medios para los que trabajan. El oficio del periodismo, entendido como trabajo donde un profesional investiga e informa es, en mi opinión, de los oficios más necesarios y hermosos que existen. Que de ello —como de tantas otras cosas, el libro, sin ir más lejos...— se haya hecho un negocio, sea éste un escaparate de lujo o espacio para la malformación de la inteligencia no es achacable a los periodistas —vale decir, no a todos— sino a este sistema contra el que, precisamente, luchamos y que nos ha engullido en mayor o menor medida a todos. El que esté libro de pecado, que tire la primera piedra...

Pero a lo que iba: la primera pregunta fue si no creía que las movilizaciones del año pasado se habían concretado en propuestas. Obviamente, contesté que no, pero que se seguía trabajando en las asambleas. Podía haberme alargado, pero tampoco era el momento. Pero, claro, me vine con el run-run a casa y con él sigo. Porque me pregunto qué necesidad hay de encasillar un movimiento que dice NO, que ya es bastante. Si empezamos, como llevan tiempo proponiendo otros compañeros, a establecer propuestas y a entrar en lo ya sabido (en el camino históricamente recorrido), perdemos el espíritu que, de forma tal vez inconsciente, nos moviliza. El gusto de estar juntos y de hablar. Mirar a otro y sonreír... Porque sí, porque nos sale una sonrisa. ¡Ahí es nada! El 15M es importante porque ahí seguimos, saliendo a la calle y diciendo que los políticos no nos representan. Y que la lucha es el único camino. Salir a la calle ya es parte de la lucha. Déjennos espacio, respeten nuestro tiempo, nuestro aire y nuestras plazas.

Y, como siempre (o como casi siempre), un libro viene a apoyar mi pensamiento (o, al menos, eso creo). M me regaló el otro día la edición que la Asociación de libreros de lance de Madrid realizó el año pasado para la Feria del libro antiguo y de ocasión. Nada menos que Siete domingos rojos de Ramón J. Sender... ¡en edición facsímile!


En el prólogo, titulado Para una cuestión previa, Sender dice:
                     
«Claro que el libro no se dirige expresamente al entendimiento del lector, sino a su sensibilidad porque las verdades humanas más entrañables no se entienden ni se piensan, sino que se sienten. Son las que el hombre no ha dicho ni ha probado a decir porque cumplen su misión en la zona brillante y confusa del sentir»

                               
 «A mi juicio el fenómeno anarcosindicalista obedece a una razón de supervitalidad de los individuos y de las masas. A la generosidad y exceso de sí mismos que a los hombres y a las sociedades demasiado vitales suele acompañarles. Piensen los lectores en la enorme desproporción que hay entre lo que las masas revolucionarias españolas han dado y dan a lo largo de sus luchas y lo que han obtenido. Y entre la fuerza que tienen y la eficacia con la que la emplean. Detrás de esto puede haber muchas cosas pero hay por encima de todas —y es lo que a mí me interesa— una generosidad heroica a veces verdaderamente sublime»
¿Está claro? Las personas que apoyamos el 15M tenemos exceso de vitalidad y de generosidad. Y sabemos que esta vida que nos han vendido no es vida, que la verdadera vida nos la están robando. Y también sabemos algo de Historia y cómo han acabado otras revoluciones. Así que repito: déjennos innominar esta revolución, por favor...

Que se hace camino al andar.




2 comentarios:

  1. Sencillamente extraordinario, Alicia, ¡cuánta razón tienes y cuán de acuerdo estoy!
    Epo
    PD.: ¿puedo difundir este artículo de tu blog?

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  2. Por alusiones, gracias de parte del gremio.

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