jueves, 16 de febrero de 2012

El poeta Joan Margarit perdió a su hija Joana, enferma desde niña, cuando ésta tenía treinta años. Le dedicó un libro, Joana, del que hoy copio un poema:

La mort no és més que això: el dormitori,
la tarda lluminosa a la finestra,
el radiocasset a la tauleta
tan aturat com el teu cor
amb les cançons cantades ja per sempre.
L'últim sospir que has fet roman encara
suspès a dintre meu: no deixo que s'acabí.
Saps quin concert és el proper, Joana?
Sents com juguen els nens al pati de l'escola?
Desprès d'aquesta tarda,
saps com serà la nit, la nit de primavera?
Vindrà gent.
I la casa encendrà tots els seus llums.

2 de juny del 2001

La muerte no es más que esto: el dormitorio,
la luminosa tarde en la ventana,
y este radiocasete en la mesita
—tan apagado como tu corazón
con todas tus canciones cantadas para siempre.
Tu último suspiro permanece
dentro de mí en suspenso: no dejo que termine.
¿Sabes cuál es, Joana, el próximo concierto?
¿Oyes a los niños
que juegan en el patio de la escuela?
Cuando acabe esta tarde, ¿cómo será la noche?
Noche de primavera: Vendrá gente.
La casa encenderá todas sus luces.

2 de junio del 2001

Joan Margarit, «Un pobre instante», En Joana, Madrid, Hiperión, 2002

¡Ah, se me olvidó antes! Otra cosa importante que he aprendido (bueno, en realidad, reafirmado, que ésta ya me la sabía...). La importancia de la música. Cuando se han perdido casi todos los sentidos, queda siempre el tacto y el oído. En el caso de Abus, también el pensamiento... Y este orgullo de hermana que tengo, LaMoni, le llevó a su chico su música (la de los dos) para recordar juntos, en los últimos momentos, las melodías de su amor... Rock and roll...

No hay comentarios:

Publicar un comentario