Recomponiendo la realidad, me encuentro con el discurso de Leonard Cohen (aquí). Extraigo un fragmento que me voy a grabar con letras eternas (amor constante más allá de la muerte, que dijo aquél...) en los dos hemisferios de mi cerebro:
Al hacerme mayor supe que las instrucciones venían con esa voz. ¿Y qué instrucciones eran esas? Nunca lamentar. Y si queremos expresar la derrota que nos ataca a todos tiene que ser en los confines estrictos de la dignidad y de la belleza.
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