domingo, 14 de febrero de 2010

Recuerdo una vez que tuve mucho miedo en el Cañón de Río Lobos, en Soria, donde íbamos a hacer cuevas (espeleología) y a ver buitres. Estábamos en uno de los refugios que hay diseminados por la zona para los pastores cuando comenzó una tormenta eléctrica. Todo era blanco y brillante y el miedo se concretó en un olor corporal como nunca he sentido (el aliento, la piel, segregaba un olor no estrictitamente malo, sí único, especial, ¿animal?). Creo que fue la primera vez que tomé conciencia del poder de la naturaleza; conciencia de verdad, no sólo verbal. No éramos nada ante los relámpagos, sólo una proyección de sombras...
.....A veces, y sin olor animal, siento ese miedo cuando me entero de estas cosas. Y cuando, pese a la prevención que siempre he tenido con él (tal vez injusta; seguro que injusta, derivada acríticamente de ciertas opiniones e informaciones), de éstas. Por cierto, que en el 2008 se presentó este Manifiesto...
.....Éste no es, evidentemente, el mundo al revés que soñaba José Agustín.

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