lunes, 8 de febrero de 2010

Puede ser que dé la casualidad de que este miércoles (día 10) a las 20:30 horas usted no tenga nada que hacer (es extraño, pero a veces sucede...). A esta casualidad puede añadírsele la circunstancia de que, por alguna extraña razón o enfermedad congénita (o no), le interese la poesía... ¡Pues nada! Se acerca usted al Ateneo de Madrid (c/ Prado, 21) y disfruta de la presentación de Avanti (no me digan que no es acertado el título...). Entre los antologados,

Miguel D'Ors:

En la cena
.................me sobra media pizza.
Qué sensación extraña.
.
Tras el cristal, la noche, el mar, agosto.
.
Qué tristeza:
......................me sobra media noche,
me sobra media luna
y medio mar: la parte
que te tocaba a ti de aquel nosotros.
.
Y me sobro y me falto medio yo
porque me faltas tú, mi media vida.
.

Ángel Guinda:
.
Cada palabra pesa
todo lo que la vida
ha pasado por ella.
.
Hay palabras que viven,
palabras que dan vida;
hay palabras que mueren
y palabras que matan:
sólo algunas traspasan.
.
Cada palabra pesa
su paso por la vida.
.

Chantal Maillard:
.
Siempre creí que avanzar se lograba
poniendo un pie delante de otro y luego volviendo a empezar,
pero no sé por qué, siguiendo este procedimiento,
siempre acababa más lejos del punto al que me dirigía.
Avanzar hacia un hombre en línea recta
era la forma más segura de perderle de vista;
correr hacia un objeto delicioso bastaba
para abrir un vacío proporcional a su atractivo.
Si quería tocar la nieve en la montaña
e iniciaba el ascenso con la vista en las cumbres,
me hallaba descendiendo un valle tibio y fértil
con tímidos arroyos de glaciares.
Y si me sumergía pensando atravesar
a nado cualquier río, desembocaba, inevitablemente,
en el lugar exacto de donde había partido.
Fue doloroso comprobar cuánto de cierto había
en las palabras del sabio Zenón;
no eran para mí ninguna paradoja
sino una evidencia que debía asumir:
nunca saldría disparada
la flecha que apuntaba al blanco;
yo nunca lograría llegar de esta manera
donde ponía el ojo o el deseo.
Tampoco lo logré siguiendo
los consejos de un célebre flósofo versado en matemáticas:
ni describiendo una elíptica breve,
ni caminando en zig-zags o en círculo
dejaban de escaparse las cosas que anhelaba,
vaciarse los lugares y los escaparates
o borrarse del mapa de mi mano
los posibles amantes o destinos.
Debí desesperarme. Debí perder las esperanzas.
Y supe que era bueno.
Probé a mirar de soslayo las cosas y los seres que amaba,
a asomarme a su mundo sin ninguna intención.
Me puse a caminar de espaldas a mí misma
.
y de repente el mundo
se demoró en mis manos.
.

Y leen: Ángel Guinda, José Cereijo, José Luis de la Vega, Alicia Martínez (y más...)

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