viernes, 27 de noviembre de 2009

Siempre que veo a Paco Ibáñez tengo la misma sensación: la de la verdad. Una verdad en minúscula, la que nos pertenece, esa que surge de la vida y no del concepto artificioso inventado por el poder. Lo pensaba ayer, en la presentación de Poemas para los demás, de Ángel Guinda. Leyeron poemas varios actores, entre ellos José Luis de la Vega, que, entre algunos del libro de Ángel, leyó un romance escrito para la ocasión. Y ahí es donde pensé lo de la verdad. Porque todos leyeron de forma correcta, adecuada (más o menos) al ritmo y el sentido. Pero en José Luis vibró, además, la verdad de la amistad. Y eso es muy grande y emocionante cuando se percibe. Y aquí está el romance, claro:
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Era el año 87

y te vi aparecer,

hubo buen rollo enseguida,

sobre todo, sencillez.

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Zaragoza y Alicante

por nuestra amistad se unieron

y puedo ser, se fundieron

Cierzo y Moncayo en Levante.

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De Malasaña al Gijón

recorrimos los cafés,

siempre aguantando de pie

a poetas de ocasión.

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Prepotencia y ambición

eran sus buenas virtudes

tú me dijiste, no dudes,

no llegan al corazón.

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Formamos una tertulia,

Alambique verdadero,

gota a gota la poesía

inundando Madrid entero.

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Está por la calle Fúcar

todos los lunes nos vemos

y hablamos sobre la vida

y de la caída del pelo.

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Un día escribí que era un mono

y un mono hoy sigo siendo

los monos hacen monadas,

los poetas hacen versos.

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Yo yo a tu lado, Ángel Guinda,

yo como siempre aprendiendo

que junto a ti la palabra

me quema, que es como un fuego.

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No la apagues nunca, nunca,

vale la pena tenerla

eternamente encendida

y cada vez con más fuerza.

.

Que a ti se te encoja el pecho

viendo como los «sin techo»

no tienen donde dormir

y con tanta gente así

.

Sales a la calle, aquí

tu aliento republicano

al hombre le da la mano

y escribes: repercutir.

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Por cierto: que me encanta la edición del libro (no lo había visto, sólo había manejado la copia en pdf...). Es naranja y morado y tiene unas dimensiones felisbertianas... De vuelta al concepto de lo pequeño... Casi casi un
«libro sin tapas». Enhorabuena, maestro.

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