En el concierto de Nacho Vegas (del que todavía no me he recuperado), J1 me contó una anécdota de su amigo J (no sé qué numero correspondería ya a esta J. ¡Cuántas Jtas en España!...): Iba J? por Ciudad de México cuando, en una calle, se encontró de frente con Enrique Bunbury y Nacho Vegas. Tras el flipe inicial, sólo fue capaz de decir: «No puede ser...», a lo que Bunbury le respondió: «Sí puede ser». Y es verdad...
..... Iba yo el viernes paseando con LM por Chueca cuando oí el sonido de una Harley... Giré la cabeza instintiva y rápidamente (obvio) y ¿quién era?... Alberto García -Alix. No todo puede ser. Pero algunas cosas sí, está claro.
..... Iba yo el viernes paseando con LM por Chueca cuando oí el sonido de una Harley... Giré la cabeza instintiva y rápidamente (obvio) y ¿quién era?... Alberto García -Alix. No todo puede ser. Pero algunas cosas sí, está claro.
«Nunca me han seducido los coches, jamás encontré en mí las ganas de crucificarme por tener uno. No he ambicionado ni saber conducirlos; en cambio, dese niño acaricié siempre la idea de tener moto, no sólo como medio de locomoción que sirva para llevarme lejos, sino más allá... Siempre representó, y representa hoy día, un amplio concepto de libertad para mí, una ilusión, un pedazo de cielo en la tierra, mi fórmula para disfrutar más de la vida y aun ir al paraíso con las manos llenas de grasa.
.....Así son las cosas. Desde que, con todas las ganas del mundo, pongo a rugir el motor y me aferro al manillar todo cambia [...]».
Alberto García-Alix, «Centauros», en Moriremos mirando, Madrid, La fábrica, 2008.

No hay comentarios:
Publicar un comentario