«Después, en ese mismo espacio donde cayó la emoción, se ha ido formando un sentimiento; ese sentimiento está siempre junto a mí, aun en los momentos que yo no recuerdo que existe; pero de pronto aparece y me sorprende con una suave palpitación; entonces hago un silencio en medio de una conversación, o me distraigo o siento con más intensidad lo que estoy tocando en el piano».
«Manos equivocadas», Felisberto Hernández, Obras completas (vol. 3), edición de María Luisa Puga, prólogo de David Huerta, México DF, siglo xxi, 1999 (cuarta edición)
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