miércoles, 1 de julio de 2009

—¡Ay! ¡Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo —exclamó el sombrerero—, no hablarías de masgastarlo, y mucho menos de matarlo! Se trata de un tipo de mucho cuidado, y no de una cosa cualquiera.
—Me parece que sigo sin comprender —dijo Alicia.
—¡Naturalmente que no me comprendes! —dijo el Sombrerero elevando orgullosamente la nariz. Con toda seguridad ¡ni siquiera habrás hablado con el Tiempo!
—Puede que no —contestó Alicia con cautela—. Pero sí se —añadió esperanzada—, que en las lecciones de música marco el tiempo a palmadas.
—¡Ah! ¡Ah! ¡Eso lo explica todo! —afirmó el Sombrerero—. El Tiempo no tolera que le den de palmadas. Si, en cambio, te llevaras bien con él, haría cuanto quisieras con tu reloj; por ejemplo, supongamos que fueran las nueve de la mañana, la hora en que comienzan tus lecciones; pues bien, bastaría con que murmuraras tus deseos al oído del Tiempo para que éste de encargara de que las agujas del reloj corrieran veloces y en un abrir y cerrar de ojos serían la una y media, ¡la hora del almuerzo! (Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carrol [traducción: Jaime de Ojeda])

2 comentarios:

  1. gracias por incluir al traductor : )

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  2. Nobleza obliga... Y, casualidad cortazariana ya sabes, te envío enlace con el cuaderno de Saramago. Su entrada de hoy va, precisamente, de la traducción. Qué grande, Saramago: http://cuaderno.josesaramago.org/

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