Otro de los libros que me traigo al retortero es una recomendación de esa pedazo de librera que se llama Lola Larumbe, (Librería Rafael Alberti). En realidad, creo me lo recomendó porque ella sabe que tengo pendiente un trabajo sobre Ángel González que, por motivos diversos, se ha retrasado. Pero me han puesto fecha. Así que sí o sí, «la lucha va p’alante» que dirían al alimón Dixebra y Paco Ibáñez si alguna vez coincidieran en la realidad como coinciden en mi imaginación...
.....La sugerencia de Lola fue Mañana no será lo que Dios quiera, la biografía que sobre Ángel González ha escrito Luis García Montero, alias el omnipresente. Pero, en fin, eran amigos y qué se le va a hacer...
.....Como documentación me viene bien, pero no hago más que pensar lo hermoso y poco conocido que es otro texto (donde también se cuenta la infancia de Ángel González) que se titula Para parar las aguas del olvido (Editorial Júcar, 1982), de Paco Ignacio Taibo I. Es una historia de amistad y una carta de amor a Oviedo (¿saben que en la torre de la catedral hay un hombrín haciéndole un corte de mangas a Vetusta?...).
.....Paco Ignacio Taibo I murió el año pasado en México (donde se exilió tras la guerra civil) y su hijo Paco Ignacio Taibo II, director de la Semana Negra de Gijón, organiza este año una lectura de sus textos (al igual que hizo el año pasado con los poemas de Ángel...). Y una de las personas que va a leer es Joan Manuel Serrat (al que, por lo visto, Paco Ignacio acogió durante un tiempo en México...) Y me pregunto a qué lógica está sometido el azar y recuerdo a Cortázar, claro... Y busco hotel.
.....Éste es un capitulín de Para parar las aguas el olvido. Se titula «Tuberculosis»:
.
«En el año 1944, Ángel [González] enfermó de tuberculosis.
.....Tenía diecinueve años y todos los amigos, aterrados, andábamos secándonos las lágrimas con la manga y ocultándole a Ángel tanta pena. Tío decía: Se puede salvar; hay gente que se salva.
.....Entonces doña María [Muñiz, la madre de Ángel] decidió enviar a su hijo a Páramo del Sil, en tierras de León, para ponerle los pulmones a secar.
.....Comenzó con esto un epistolario juvenil, lleno de poemas, descripciones y periódicos manuscritos.
.....Iban y venían las cartas contándonos Ángel cómo miraba, desde su ventana abierta, pasar a las pastoras que iban al monte arreando ovejas y borricas.
.....Nosotros devolvíamos cuento por poema, noticia por noticia.
.....Páramo del Sil comenzó a ser un lugar amado e imaginado.
.....Benigno, Manolo, Amaro y yo [Paco Ignacio Taibo I] mirábamos hacia Páramo del Sil en donde el quinto amigo había puesto al sol sus dos pulmones.
.....Ángel allá estaba haciéndose poeta, al mismo tiempo que secaba.
.....El día trece de octubre del año mil novecientos cuarenta y cuatro, Ángel me envía un «Envío». Lo dedica: a P.I.T.
.
Mis versos están tuberculosos.
Por eso, como yo, necesitan reposo.
Léelos detenidamente
y acuéstalos en el lecho de tu mente,
y luego resucítalos si los crees curados,
para ver si maduran sobre los verdes prados.
.
.....Decidimos reunir el dinero suficiente e irnos a pasar a Páramo del Sil la Nochebuena.
.....Viajamos en autobuses y en tren, llegamos al pueblo, que era pequeño, en una camioneta.
.....El pueblo tenía un puente y un río, una iglesia y algunas casas viejas y aplastadas en un suelo de roca.
.....Aquella noche entramos en la taberna y pedimos un anís cada uno: después llegó la Guardia Civil, dio las buenas noches y, uno por uno, fuimos mostrando los papeles.
.....La Guardia Civil usaba enormes capotes verdes, húmedos y olorosos a humo de leña y sudor humano. Los vecinos de Páramo de Sil bebieron sus cazallas mientras los cuatro recién llegados iban mostrando la documentación dentro de un silencio enorme, muy profundo.
.....Se fueron, después de habernos deseado unos días de descanso muy satisfactorios y dejaron la puerta bien cerrada, porque por ella entraba un frío muy vivo.
.....Esa noches estuvimos los cinco muy cerca de las estrellas, que parecían brillar como recién cargadas de energía, y caminamos por el pueblo, cruzándonos con sombras que daban las buenas noches, dejando atrás a la luz amarilla de la taberna y entreviendo muy lejos ya, las dos sombras de los Guardias que iban desgajando las piedras del camino.
.....Ninguno de nosotros sabíamos aún qué hacer o adónde dirigirnos; qué modelar con la vida que nos quedaban, si es que quedaba.
.....La sombra de la Tuberculosis de Ángel nos tenía a todos asustados.
.....Vivíamos en la casa de un cura que se había muerto hacía unas semanas y el ama del cura nos daba, como postre, flanes con doce huevos.
.....Al tercer día los cuatro recién llegados estábamos enfermos de comida.
.....Caminamos mucho, hablamos de poetas y de novelistas recién aparecidos, nos burlamos de los últimos poetas victoriosos, que eran una mierda pinchada en asta de bandera, dimos noticias de amores y de besos, de chicas que acababan de ponerse medias; de todo. Y nos fuimos dejando a Ángel con los carrillos enrojecidos de tanto viento, aire, sol, huevos y pastoras.
.....Había algo que teníamos seguros al marchar: ya no se iba a morir. Un tipo que recibe la visita de cuatro amigos así, ya no se muere.
.....Una camioneta nos bajó hasta el ferrocarril.
.....De aquellos días recuerdo la escena de la taberna, alumbrado el lugar con una luz que se nos iba y venía en un suave oleaje; recuerdo también los flanes, la mesa de Ángel con el papel blanco cuidadosamente alineado y también la máquina de escribir sobre la mesa. Las montañas, una pastora gordita, canciones en la noche, ese cielo tan alto y tan lleno de estrellas, y esa ternura que siempre siento cuando estoy con ese mismo grupo, con el que crecí, leí, me fui haciendo grande y luego esa cosa sutil que llamamos maduro».
.....La sugerencia de Lola fue Mañana no será lo que Dios quiera, la biografía que sobre Ángel González ha escrito Luis García Montero, alias el omnipresente. Pero, en fin, eran amigos y qué se le va a hacer...
.....Como documentación me viene bien, pero no hago más que pensar lo hermoso y poco conocido que es otro texto (donde también se cuenta la infancia de Ángel González) que se titula Para parar las aguas del olvido (Editorial Júcar, 1982), de Paco Ignacio Taibo I. Es una historia de amistad y una carta de amor a Oviedo (¿saben que en la torre de la catedral hay un hombrín haciéndole un corte de mangas a Vetusta?...).
.....Paco Ignacio Taibo I murió el año pasado en México (donde se exilió tras la guerra civil) y su hijo Paco Ignacio Taibo II, director de la Semana Negra de Gijón, organiza este año una lectura de sus textos (al igual que hizo el año pasado con los poemas de Ángel...). Y una de las personas que va a leer es Joan Manuel Serrat (al que, por lo visto, Paco Ignacio acogió durante un tiempo en México...) Y me pregunto a qué lógica está sometido el azar y recuerdo a Cortázar, claro... Y busco hotel.
.....Éste es un capitulín de Para parar las aguas el olvido. Se titula «Tuberculosis»:
.
«En el año 1944, Ángel [González] enfermó de tuberculosis.
.....Tenía diecinueve años y todos los amigos, aterrados, andábamos secándonos las lágrimas con la manga y ocultándole a Ángel tanta pena. Tío decía: Se puede salvar; hay gente que se salva.
.....Entonces doña María [Muñiz, la madre de Ángel] decidió enviar a su hijo a Páramo del Sil, en tierras de León, para ponerle los pulmones a secar.
.....Comenzó con esto un epistolario juvenil, lleno de poemas, descripciones y periódicos manuscritos.
.....Iban y venían las cartas contándonos Ángel cómo miraba, desde su ventana abierta, pasar a las pastoras que iban al monte arreando ovejas y borricas.
.....Nosotros devolvíamos cuento por poema, noticia por noticia.
.....Páramo del Sil comenzó a ser un lugar amado e imaginado.
.....Benigno, Manolo, Amaro y yo [Paco Ignacio Taibo I] mirábamos hacia Páramo del Sil en donde el quinto amigo había puesto al sol sus dos pulmones.
.....Ángel allá estaba haciéndose poeta, al mismo tiempo que secaba.
.....El día trece de octubre del año mil novecientos cuarenta y cuatro, Ángel me envía un «Envío». Lo dedica: a P.I.T.
.
Mis versos están tuberculosos.
Por eso, como yo, necesitan reposo.
Léelos detenidamente
y acuéstalos en el lecho de tu mente,
y luego resucítalos si los crees curados,
para ver si maduran sobre los verdes prados.
.
.....Decidimos reunir el dinero suficiente e irnos a pasar a Páramo del Sil la Nochebuena.
.....Viajamos en autobuses y en tren, llegamos al pueblo, que era pequeño, en una camioneta.
.....El pueblo tenía un puente y un río, una iglesia y algunas casas viejas y aplastadas en un suelo de roca.
.....Aquella noche entramos en la taberna y pedimos un anís cada uno: después llegó la Guardia Civil, dio las buenas noches y, uno por uno, fuimos mostrando los papeles.
.....La Guardia Civil usaba enormes capotes verdes, húmedos y olorosos a humo de leña y sudor humano. Los vecinos de Páramo de Sil bebieron sus cazallas mientras los cuatro recién llegados iban mostrando la documentación dentro de un silencio enorme, muy profundo.
.....Se fueron, después de habernos deseado unos días de descanso muy satisfactorios y dejaron la puerta bien cerrada, porque por ella entraba un frío muy vivo.
.....Esa noches estuvimos los cinco muy cerca de las estrellas, que parecían brillar como recién cargadas de energía, y caminamos por el pueblo, cruzándonos con sombras que daban las buenas noches, dejando atrás a la luz amarilla de la taberna y entreviendo muy lejos ya, las dos sombras de los Guardias que iban desgajando las piedras del camino.
.....Ninguno de nosotros sabíamos aún qué hacer o adónde dirigirnos; qué modelar con la vida que nos quedaban, si es que quedaba.
.....La sombra de la Tuberculosis de Ángel nos tenía a todos asustados.
.....Vivíamos en la casa de un cura que se había muerto hacía unas semanas y el ama del cura nos daba, como postre, flanes con doce huevos.
.....Al tercer día los cuatro recién llegados estábamos enfermos de comida.
.....Caminamos mucho, hablamos de poetas y de novelistas recién aparecidos, nos burlamos de los últimos poetas victoriosos, que eran una mierda pinchada en asta de bandera, dimos noticias de amores y de besos, de chicas que acababan de ponerse medias; de todo. Y nos fuimos dejando a Ángel con los carrillos enrojecidos de tanto viento, aire, sol, huevos y pastoras.
.....Había algo que teníamos seguros al marchar: ya no se iba a morir. Un tipo que recibe la visita de cuatro amigos así, ya no se muere.
.....Una camioneta nos bajó hasta el ferrocarril.
.....De aquellos días recuerdo la escena de la taberna, alumbrado el lugar con una luz que se nos iba y venía en un suave oleaje; recuerdo también los flanes, la mesa de Ángel con el papel blanco cuidadosamente alineado y también la máquina de escribir sobre la mesa. Las montañas, una pastora gordita, canciones en la noche, ese cielo tan alto y tan lleno de estrellas, y esa ternura que siempre siento cuando estoy con ese mismo grupo, con el que crecí, leí, me fui haciendo grande y luego esa cosa sutil que llamamos maduro».
.
Estaría bien reeditarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario