lunes, 29 de junio de 2009

«El corazón es el culpable de cada mal pensamiento. Lo dice la Biblia. Yo, que no aprendí nada de los errores de mi tía Maribel, que no me parezco a ella, que no soy efusiva, aunque sí constante, también tropecé en su piedra, pero no me despeñé por el barranco. Supongo que, por mucho que nos prevengan, a casi todas nos toca vivir una historia de amor desgarrador, no sé si a causa de un perverso sustrato cultural o a causa de una cuestión de carácter; lo más razonable -y también lo más claustrofóbico- es que sea por las dos cosas. Nos solemos ganar a pulso cada historia de amor desgarrador, desigual, descompensado, chirriante, obtuso. Nos ponemos desnudas de espaldas y aguantamos como animales». La lección de anatomía, Marta Sanz

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