sábado, 2 de mayo de 2009

«No soy capaz de inventar. No tengo nada que contar que no sea yo mismo. Necesito estar de cuerpo presente, fotografiar mi entorno inmediato, lo que puedo tocar, lo que encuentro delante. Si no hay encuentro no hay nada. La magia de la vida es el encuentro. Una de las grandes lecciones que debe aprender un fotógrafo es la de prescindir de todo aquello que distrae la atención. Cuando doy clases de fotografía, lo primero que trato de enseñar es a quitar lo que sobra. En cuanto a lo que falta... ¡Ah, ése es otro cantar! La fotografía siempre debe tener misterio. El misterio de la propia vida, de la próxima curva»
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Alberto García-Alix, Moriremos mirando

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