lunes, 11 de mayo de 2009

«[...] Los deseos de los niños confieren orden al futuro. El futuro es un criado lento, pero fiel»
[...]
—Te he esperado hasta olvidar el qué. Me ha quedado una espera en los despertares, al saltar de la cama e ir al encuentro del día. Abro la puerta no para salir, sino para dejar que entre»
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«—¿Tú qué crees, que las estrellas saben a pan dulce o a pan salado?
—No lo sé, no las he probado nunca.
—Yo sí, me quedaba muchas noches en el balcón de la casa de los niños encerrados. Las estrellas, en verano, pierden migajas que te llegan a la boca.
—¿Y cómo son?
—Saladas, con sabor a almendras amargas».
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