martes, 19 de mayo de 2009



Ayer lloramos la muerte de Benedetti con él (se nos olvidó —pareciera mentira— lo que dice el poeta: «Defended la alegría como una trinchera / defendedla del escándalo y la rutina / de la miseria y de los miserables / de las ausencias transitorias / y las definitivas»...) Hoy nos sirve para cantar la vida (en este caso, la reciente vida de Irene Marcela, pero también la de tantos otros niños que traerá la primavera).

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