jueves, 19 de marzo de 2009

He visto a mi amiga Julia (Gutiérrez) esta tarde porque ha venido con su hija Manuela a ver una obra a la sala Triángulo (¿Por qué lloras, Marie?). Recomendable, me dice. Es para niños... O sea, que puede ser para todos. El caso es que, al despedirnos, me cuenta que el otro día estaba a las 12.30 horas (p.m.) haciendo la compra en el opencor... Pero no ese detalle de última hora que se nos olvidó o ese sándwich para salir del apuro, no: leche, yogures... Alimentos imprescindibles, vaya. Y me dice y me cuenta que, al llegar a la caja, miró a la cajera y no pudo por menos de preguntarle (de forma retórica, como verán): «Cuando una hace la compra a las 12.30 (p.m.) es que algo no anda bien, ¿verdad?». Como si no quedara helado chocolat chocolat chip, vamos. Siguiente reflexión: «Y encima somos unas privilegiadas por poder comprar en el open aunque sea a esas horas...».
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¿Recuerdan esa tira de Mafalda en la que ella va cantando bajo la lluvia: «Que llueva que llueva, la vieja está en la cueva...» cuando, de repente, ve a una viejita intentando protegerse en un portal...? Mafalda la ve, se para, se calla y, ya triste, comenta: «¿Quién iba a imaginar esta derivación social?». Pues algo así me ha ocurrido... Llego a casa y veo que ha aumentado el número de personas que, carro («de la compra») en ristre, esperan que los empleados del carrefour saquen los cubos... Algo así.

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