sábado, 14 de marzo de 2009

Cuento de horror

Al otro lado del muro no está Tisbe. Por la grieta no se oyen palabras de amor, sino golpes y gritos de miedo y dolor... Es un viejo conocido: la costumbre de golpear de los cojones ebrios... Ella no lo aguanta, llama al timbre. El ebrio cojón abre la puerta. Detrás, la mujer golpeada. Ella la llama, la toma de la mano y se la lleva a casa (para una mujer golpeada, nuestras casas deben ser siempre su casa...). Al menos, por hoy no recibirá más golpes... ´
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Ella es mi hermana, la Moni. ¡Qué orgullo! ¿Verdad? Hay que dejar sin suelo a los maltratadores. Tolerancia 0 es demasiada tolerancia..

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