miércoles, 11 de febrero de 2009

Li Qingzhao nació en Li Cheng en el siglo XI. Se casó y enviudó muy joven. El núcleo de su poesía es el amor; un amor que, como dice Pilar González España (su traductora al español), «fue extendiéndose y modificándose, siguiendo el periplo de su corazón». Y esto nos dice la propia Li del trabajo y del amor con su esposo: «Cuando traía las caligrafías, las enrollábamos y desenrollábamos miles de veces. Cuando adquiríamos un vino antiguo, lo examinábamos con gran atención. Corregíamos los errores de los libros, apuntábamos las ausencias en los antiguos, y nos dedicábamos a meditar y apreciar cómo se quemaban las velas. Cada tarde, después de cenar, nos sentábamos juntos y jugábamos a un juego que nosotros mismos habíamos inventado. Traíamos mil libros sobre la mesa y comenzaban las adivinanzas, de quién era este verso, a qué obra pertenecía; o intentábamos situar la fecha exacta de un hecho histórico, y acabábamos por lo general muertos de risa con el té derramado sobre la mesa». Otro día os cuento más. De su viaje de amor y muerte cuando el norte de China estaba siendo invadido...

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