sábado, 7 de febrero de 2009

El Gato vio a Alicia y se puso a sonreír. «Parece risueño», pensó; pero tenía las uñas muy largas y muchos dientes grandes, así que decidió que era mejor tratarlo con el debido respeto.
—Minino de Cheshire [...] ¿Podrías decirme, por favor, qué camino he de tomar para salir de aquí?
—Depende mucho del punto adonde quieras ir —contestó el Gato.
—Me da igual dónde —dijo Alicia.
—Entonces no importa qué camino sigas —dijo el Gato.
—... siempre que llegue a alguna parte —añadió Alicia, a modo de explicación.
—¡Ah!, seguro que lo consigues —dijo el Gato—, si andas lo suficiente.
Alicia comprendió que el argumento era irrefutable, de modo que probó con otra pregunta.
—¿Qué clase de gente vive por aquí?
—En esa dirección —dijo el Gato, haciendo un vago gesto con la pata derecha— vive un Sombrerero; y en esa dirección —haciendo el mismo gesto con la otra pata— vive la Liebre de Marzo. Visita al que te plazca: ambos están locos.
—Pero yo no quiero andar entre locos —observó Alicia.
—¡Ah!, no podrás evitarlo —dijo el Gato—: aquí estamos todos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
—¿Cómo sabes que estoy loca? —dijo Alicia.
—Tienes que estarlo —dijo el Gato— o no habrías acudido aquí.
(Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll)
(la pintada —genial ¿verdad?— está en Zaragoza y se la debo a: www.jaimecin.com)

1 comentario:

  1. Bien por el compañero Lewis. O se me va mucho la olla o este estracto me parece talmente una sinopsis de la vida de cualquiera....

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