
Concierto de Aute que me autorregalé. Baño de nostalgia pero también regreso a mi vida, la mía, la que en ocasiones ando regando y dejando por ahí colgadita, suspendida... Tres horas tres estuvo, canción tras canción, modificando acordes y sentimientos conocidos. ¿Conocidos?Conclusión (que yo saqué, claro), nunca se conocen ni las canciones ni los sentimientos. Tiene una elegancia Aute que es que me paraliza: su manera de sacar la copa de vino, sus andares de paz canalla... En alguna parte de este blog me he preguntado que dónde vamos con esta educación sentimental («Ponme, si es nobleza lo que obliga, la corona de espinas, la sangre que mane de mis sueños purificará tus pensamientos. Enjúgame el sudor y las lágrimas con tu mirada, que quede eternamente en tus pupilas grabado el rostro de quien más te amó...»; «Cierto que huí de los fastos y los oropeles y que jamás puse en venta ninguna quimera. Siempre evité ser un súbdito de los laureles porque vivir era un vértigo y no una carrera... Pero, quiero que me digas, amor, que no todo fue naufragar por haber creído que amar era el verbo más bello... dímelo... me va la vida en ello. Cierto que no prescindí de ningún laberinto que amenazara con un CALLEJÓN SIN SALIDA. Ante otro “más de lo mismo” creí en lo distinto porque vivir era búsqueda y no una guarida... Pero, quiero que me digas, amor... Cierto que cuando aprendí que la vida iba en serio, quise quemarla deprisa jugando con fuego. Y me abrasé defendiendo mi propio criterio porque vivir era más que unas reglas en juego...». Le gusta jugar con el lenguaje para ver la otra cara de la luna. Propuso que utilizáramos «hacer el amor» para desvincular el placer de dos cuerpos unidos de la pornografía imperante. Esto, viniendo de boca de Aute, cuyos temas y pinturas están impregnados de erotismo tiene, desde luego, un peso importante (el horror -soledad- del «aerobic genital»...). Propuso, también, cambiar el lema: «Otro mundo es posible». Más que cambiar, ampliarlo: «... Porque éste es ya insoportable». No sé dónde iremos con esta educación sentimental, pero sé que, desde luego, es mi lugar: «Las cicatrices no ayudan a andar». Pero, contradicción, tristeza y ambigüedad mandan, no hay otra manera de andar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario