lunes, 23 de febrero de 2009

Cobijos 4
En mi barrio hay varios video-clubs. Como les pasa a muchas personas (esto que escribo me recuerda el comienzo de una novela de Galdós, Misericordia: «Dos caras, como algunas personas, tiene la parroquia de San Sebastián...». Pero esto sería, tal vez, otra historia...), alguno de ellos vive de ser bonito y aparentar (no digo que sea malo. Es bueno, tiene muchas películas de importación, por ejemplo. Pero aparenta ser mejor) y otros malviven conservando su «fondo». El rastrillo está en la calle Mira el sol, 17 (¿qué sería del barrio sin estos nombres?) y yo lo conocí una de esas veces en que me sentí terriblemente sola... Desde entonces (hace cuatro años), siempre ha sido cobijo y no quiero contar la de veces que he entrado llorando (es una lástima, pero es cierto, que sólo los sitios donde uno puede entrar llorando sin morir de vergüenza se convierten en cobijos). Su apariencia no es muy bonita (aunque a mí me gusta: es de barrio) pero, sin embargo, su fondo alberga (y este verbo está utilizado con intención) más de 8000 títulos, que se dice pronto...
Además, es un video-club donde se puede hablar de cine. Ya es mucho que se pueda hablar, pero que encima uno pueda consultar y comentar dudas...
Pides sugerencias y, en un pispás, han dado con tu gusto y/o necesidad. Y además tienen abonos, que sale más barato... No olvidéis, en tiempo de crisis, lo que decía el maestro Hitchcock: «El cine es como una vida real a la que se le han quitado los momentos aburridos»...

2 comentarios:

  1. Es difícil encontrar palabras que rocen la realidad, que traspasen la opacidad de ser palabras. Tú lo consigues y lo que no entiendo es cómo no escribes historias que pudieran hacer de la literatura un lugar común para compartir.

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  2. Gracias, anónimo... Empecé a escribir y a colgar cosas en el blog (otra forma de escribir) después de un tiempo de desconfianza en las palabras. Todavía no la he recobrado del todo... Frente a lo que siempre creí (que la palabra me podía salvar), ahora tengo que pelearme con la idea de que mi única defensa es el silencio... Y, en fin, con tanta ambigüedad y contradicción, mi escritura se hace tan vacilante... Pero, como dice Paco Ibáñez en el vídeo que colgué, «pero que tampoco piensen que nos vamos a amilanar...». Y ahí vamos, entonces. Como podemos, como todos...

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