Han sufrido los sinsabores de la vida.
Por eso, en el momento de despedirse,
ninguno de los dos dice nada,
porque no saben qué decir.
Sólo aciertan a murmurar;
—Nieva.
—Vaya, es cierto, nieva. La nieve al caer es realmente preciosa.
—Cierto, preciosa.
—Vaya, nieva...
(Jimmy Liao, Hermosa soledad)
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