Cuando les digo a mis alumn@s que no tengo tele, ya sé lo que viene a continuación: «¡Hala, ¿y ordenador?». Y yo me callo, porque son muy jóvenes y no entenderían (no por falta de capacidad sino de experiencia) que tengo callo en el dedo de abrir el correo para no encontrar mensajes... Y recuerdo un poema de Antonio Orihuela que se titula «El ahorcado»:
Los niños me proponen un juego:
adivinar palabras.
Se marcan tantos espacios en blanco como letras tiene la palabra
y se pinta al lado una horca.
En ella, por cada error,
se dibuja un miembro del cuerpo humano,
pierdes si,
antes de encontrar la palabra,
tus errores completan la figura del ahorcado.
Cinco huecos en mi palabra:
D O L O R
Recorren arriba y abajo el abecedario,
pero aún no encuentran en sus vidas nada semejante.
En el papel,
se balancea un muerto.
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