lunes, 2 de mayo de 2016

Siete años

Siete: número mágico. Hace siete años...

Porque, a veces (no siempre; la absorción es fuerte y duradera) estoy cansada de que siempre tengamos que mantener las formas. ¿Quién establece la corrección lingüística? Lo normativo, la norma, lo normal.
 
Permitidme: hasta el último pelo de que nos la cojamos con papel de fumar.
 
Los eufemismos mienten. Siempre. Porque nos escamotean el dolor, la rabia, la alegría, la tristeza... El sentimiento, en suma. Y se convierten en un (mal) espectáculo.
 
En resumen: cada día más orgullosa de este referente, origen de mi vocación filológica y sustento de mi compromiso con la vida.
 
P'alante
 
¡Qué larga se me va a hacer la semana!
 



P: En un momento dado, toma una decisión radical: dejar de tocar en ayuntamientos del PP. ¿Cuándo y cómo se decide?

R: Lo hago desde que existe el PP. No quiero saber nada de ellos, me echan para atrás. No es estrategia, sino algo más físico, igual que evito pasar por un sitio donde huele mal.
 
P: Ya, pero allí habrá todo tipo de votantes, que seguro que agradecen un soplo de aire fresco. 
 
R: Es un argumento que he considerado. Pero, por encima de eso, me niego a aceptar dinero de esa gente. Ya sé que los impuestos son de todos, pero yo prefiero no aceptarlo si viene de ciertos sitios. Tampoco creo que tenga toda la razón del mundo. Solo sé que me dan tanto asco que no puedo soportarlo, no consigo que salga una nota de mi garganta.

Entrevista completa en El confidencial.
 

jueves, 28 de abril de 2016

Qué pena tener que dar clase con lo bien que nos lo pasamos hablando de literatura en las aulas. Entendiendo por literatura lo que una entiende por literatura.

miércoles, 27 de abril de 2016


Me dice el médico:

-Tiene que hacerse usted un electro.
-Soy del Atleti.
-Entonces no hace falta.

Pandémica y celeste, Jaime Gil de Biedma



  quam magnus numerus Libyssae arenae
                                                        ................................................................
                                                              aut quam sidera multa, cum tacet nox,
                                                                         furtiuos hominum uident amores.
                                                                                                                      Catulo, VII

Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !

Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d'être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.

Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
              íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.

Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
                          Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.

 


Mira tú por dónde, voy a tener más tiempo para leer.

Juan Luis Cebrián me despide de la SER, por Ignacio Escolar.


lunes, 25 de abril de 2016


No he seguido las pompas del homenaje a don Miguel porque me parece un hacer que hacemos y estoy harta de hacerlo diariamente en mi oficio.

Sin embargo, ayer, una amiga me envió un vídeo. Añadía: lo que decían los viejos maestros sobre la lectura (alto, claro y con intención -yo les digo: expresivamente-).

Y lloré escuchándolo.



... y sin saber qué contarles sobre don Quijote.

Porque tú lo ves.

Este fin de semana he roto dos vasos. Uno grande, de sidra, y otro pequeño, de pinta. Y así estamos.


Una amiga me llama rompedora. Yo me designo rompetista...

Es todo tan difícil.

¿Es todo tan difícil?

Lucio Urtubia escribe a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid


Entrañable Señora Carmena, Alcaldesa de Madrid,
Querida y muy respetada señora,
Los días 9, 10 y 11 d abril estuve en Madrid, hospedado en el barrio conocidísimo de Atocha, en el hotel Mediodía, y uno de dichos días fuimos a comer detrás de dicho lugar, en la plaza situada detrás del Museo Reina Sofía. Cuál no fue mi sorpresa al preguntar por el nombre de dicha plaza y oí que no tenia nombre. Hace varios años tuve el coraje y la valentía de escribirle al señor Gallardón, anterior alcalde de Madrid. Dicho señor no me contestó ni me dio ninguna señal. Peor para él. Y en las mismas condiciones me dirijo hoy día a la alcaldesa, que es otro ambiente, y como digo: lo imposible no existe.
Durante muchos años conocí a un amigo albañil y madrileño, todo un ejemplo. Querido y amado por sus amigos y calumniado por sus enemigos. No era guapo en físico y fumaba como un carretero, pero cuando hablaba lo hacía con el sabor de esos barrios viejos madrileños, los cuales yo personalmente adoraba pero nunca tuve el privilegio de poder practicar. Este amigo, llamado Cipriano Mera, al cual conocí como usted conoce, fue todo un ejemplo por su comportamiento y vida hasta sus últimos momentos. Humilde pero rico, todo un ejemplo de familia. Cansado de trabajar y trabajando y luchando por su ideal republicano y anarcosindicalista, era muy viejecito pero continuaba ganándose su vida y la de su compañera, también humilde y ejemplar. Alguna vez tuve la ocasión de invitarlos a comer y me hacía reír al decirme que su compañera hacía las mejores paellas con muy poco, pues había aprendido trabajando y sabía hacer todo de la nada.
Amiga y respetada alcaldesa madrileña, no deje pasar la ocasión de consagrar dicha plaza al amigo y compañero Cipriano Mera, vencedor de la única de las bellas victorias republicanas. Uno es por lo que hace. Haga, no deje pasar esta ocasión, ella puede ser todo un ejemplo para los jóvenes y aquí me tiene a su servicio si lo necesita.
Hagamos y seamos,
Lucio Urtubia
Cipriano Mera