domingo, 31 de enero de 2016

A veces, resulta difícil

Calado hasta los huesos, diviso gentes con baúles chorreantes.
Los veo, de pie sobre un plano inclinado, recostados al viento.
Bajo una lluvia oblicua, borrosos, al borde del abismo.
No, no es un sexto sentido. Es el tiempo,
el mal tiempo el que los empalidece. Les advierto,
les grito, por ejemplo,
señoras y señores, andáis por el mal camino, estáis al
borde del abismo.
Pero sólo me otorgan una débil sonrisa y responden altivos:
Gracias, lo sabemos.

Me pregunto si se trata de unas cuantas docenas de personas,
¿o está allí todo el género humano, sobre un barco
decrépito, digno de la chatarra, dedicado tan sólo
a una causa, el naufragio?
Lo ignoro. Yo chorreo y escucho. Es difícil
decir quiénes son estas gentes asidas a un baúl,
a un talismán de color puerro, a un dinosaurio, a una corona de laurel.

Les oigo reír y les grito palabras incomprensibles.
Aquel desconocido con la cabeza envuelta en periódicos mojados
supongo que sea K, un viajante vendedor de galletas;
de aquel barbudo no tengo la más ligera idea; el hombre del
pincel se llama Salomón P, la dama que estornuda sin cesar es de
                                                                     seguro Marylin Monroe;
pero el hombre de blanco, el que sostiene un manuscrito
envuelto en una tel negra, encerada, seguramente es Dante.
Bajo la lluvia a cántaros, se ponen a pasear sus dinosaurios,
abren y cierran sus maletas mientras cantan a coro:
«El trece de mayo el mundo se hundirá,
todo acabará, todo acabará.»
Es difícil decir quién se ríe, quién me observa, quién no,
en esta niebla, a n sé qué distancia del abismo.

Los veo hundirse poco a poco y les grito:
Veo cómo os hundís poco a poco.
Y no hay respuesta. En lejanos barcos, leves y corajudos,
suenen las orquestas. Todo es tan lamentable; no me gusta mirar
como mueren empapados en la lluvia y la niebla. Es tan penoso.
Les podría gritar, les grito: «Pero nadie sabe
en qué año acabará el mundo; ¿no es maravilloso»

¿Pero adónde fueron los dinosaurios? ¿Y de dónde provienen
aquellas miles y decenas de miles de maletas empapadas,
flotando a la deriva, sobre las aguas?
Nado y gimo.
Todo, como de costumbre, gimo, todo bajo control,
todo sigue su curso, todos, sin duda, se habrán ahogado
en la lluvia sesgada, es una pena, ¿y qué?, ¿por qué gemir?
Lo raro, lo difícil de explicar, es: ¿por qué sollozo
y sigo nadando?

Hans Magnus Enzensberger, El hundimiento del Titanic, Barcelona, Anagrama, 1986

lunes, 25 de enero de 2016

Hasta se atreve a salir sin la guitarrescudo...

¡Hay que ver cuánto hemos crecido en las calles!
Y aquí fue cuando perdí la voz.


Que dice señorMolina que cuándo vamos a Xixón. Y que yo le digo que pa luego es tarde...


Nuestras voces ahí...
 
La primera vez que Julia y yo fuimos a ver a Nacho éramos don seudointelectualoides con aires indie (en nuestro descargo diré que Nachín salió con unas Ray Ban que no se quitó en todo el concierto y que no presentó ni una canción)... No cantábamos y mirábamos mal a los que lo hacían. El otro día nos desgañitábamos. Nuestras voces con tantas voces.
 
Y David dice:





domingo, 24 de enero de 2016



"Si no hay una botella con la que brindar por todas las cosas que vamos a recuperar, esa nun ye la mío revolución" (Nacho Vegas, tremendo en La Riviera) "Si no hay una canción que se quede en los labios y obligue a que nunca pronuncie jamás"
 

 
 

sábado, 23 de enero de 2016

¡¡¡NACHO VEGAS!!! (troleando al Sabadell...). Esto fue lo que pasó.
 
Hoy, las académicas del gintónic ejercen como grupis en La Riviera :-)

viernes, 8 de enero de 2016

«Cuidar de los demás no te hace necesariamente mejor persona, es cierto. Pero nos ayudó a ver que buena parte de nuestra vida estaba basada en mentiras.»

«En 2011 en Madrid la policía tuvo que proteger el Congreso de los Diputados de hijos y madres y abuelas y nietos y hermanas y novios que aspiraban a un trabajo más o menos estable y a formar una familia. Intentar llevar una vida convencional se había convertido en un experimento contracultural. Cuidar de las personas a las que amamos, adquirir un oficio, ser respetados por nuestros iguales, aprender y crecer como ciudadanos libres, poder vivir en el barrio donde nos criamos, estudiar aquello para lo que tenemos vocación, confiar en las instituciones públicas y tener la oportunidad de participar en ellas... Nos dimos cuenta de que todo ello nos obliga a transformar de arriba abajo el mundo que conocemos. El mero sentido común nos enfrenta a los dementes trajeados que desde los parlamentos y los consejos de administración tratan de arrasar nuestras vidas»

César Rendueles, Capitalismo canalla. Una historia personal del capitalismo a través de la literatura, Barcelona, Seix Barral, 2015.

«La globalización neoliberal es la historia de cómo el noventa y nueve por ciento entregamos voluntariamente el control de nuestras vidas a fanáticos con una percepción delirante de la realidad social.»

«En una época de trabajos precarios donde la ideología política es un chiste sin gracia, llegamos a ser lo que podemos permitirnos consumir. Nos definimos por la lista de la compra. Todo a nuestro alrededor está diseñado para que nuestros gustos mediados por el mercado sean nuestras principales señas de identidad: la tecnología, la música, la ropa, los viajes, la comida... Nos concebimos como agregados de preferencias cuyo único fundamento es que han sido elegidas por nosotros.

Es un viaje desesperado a ninguna parte. La magia del escaparate se evapora tan rápido como pagamos. Los coches pierden un veinte por ciento de valor en el momento en el que salen del concesionario. Tan pronto como nos calzamos las Nike nuevas, se desvanece su aura mágica y vuelven a ser unos zapatos horteras y sobreequipados.

Pero sobre todo, esa comprensión de nosotros mismos es incompatible con la forma en que de hecho afrontamos nuestra realidad material. ¿No es, en el fondo, absurda la idea de que "elegimos" a nuestras parejas sentimentales, con las que construimos una vida en común? ¿En qué catálogo las escogemos? Lo característico de los vínculos interpersonales profundos es en realidad que no son ni imposiciones —como en los matrimonios acordados— ni meras expresiones de preferencias. Lo mismo ocurre con alguna de las experiencias que consideramos más valiosas y características de una vida buena. Nadie prefiere levantarse por la noche para preparar un biberón a un bebé, nadie prefiere participar en una aburridísima asamblea política, nadie prefiere salir a correr bajo la lluvia. Yo diría que ni siquiera nadie prefiere exactamente leer a Proust en vez de encender la tele para ver "Gran Hermano".»

César Rendueles, Capitalismo canalla. Una historia personal del capitalismo a través de la literatura, Barcelona, Seix Barral, 2015.

Beatriz Gimeno, diputada de Podemos, escribe esto en su página de facebook...

LA CABALGATA DE REYES Y LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD.

Por si alguien no lo sabe antes de ser diputada trabajaba en el Servicio de Quejas y Reclamaciones del Ayuntamiento de Madrid en el área de Cultura. Es decir, entre otras cosas, me ocupaba de las quejas y reclamaciones referidas a la Cabalgata de Reyes. Y sí, lo que ahora ha saltado a la prensa es absolutamente cierto. El Ayuntamiento de Madrid dirigido por Gallardón y luego por Botella, impedía a lxs niñxs con movilidad reducida y discapacidad ocupar los asientos reservados para ellas y ellos (la reserva de un número determinado de plazas es obligatoria) y sentaba en esos lugares a las personas que el Ayuntamiento consideraba personas VIP: famosos de todo pelaje, integrantes de la nobleza (sea eso lo que sea), futbolistas, modelos, banqueros y ricos y ricas en general.
Año tras año, las madres y los padres de niños y niñas con discapacidad que hacían cola durante horas para poder ver la Cabalgata de Reyes veían pasar ante sus narices a Mar Flores, por ejemplo, a un tal Fefé, a Marichalar, por poner un ejemplo, y todas estas personas acompañados de sus niños y niñas. Niños y niñas VIP, ya se entiende.
Sí, aunque parezca dificil de creer esta historia es rigurosamente cierta y ha ocurrido cada año. Y cada año mi trabajo consistía en tramitar esas quejas, es decir, darles curso; mandarlas a un lugar donde alguien las mandaría a la papelera directamente. Ese es el Ayuntamiento que teníamos, el de que se jodan. Siempre dije que la única verdad que el PP dijo en toda la legislatura fue ese "que se jodan", proclamado por Andrea Fabra en nombre de sus compañeros/as de partido y también en nombre de las élites que nos roban.
Esta historia no es la peor historia de corrupción, no es un delito, no es el peor robo de lo público pero es una de las que mejor demuestran de qué clase de gentuza nos hemos librado. No es sólo una cuestión de mala gestión, no es una cuestión siquiera de que su gestión privilegiara a unos cuantos sobre otros muchos. Es que eran gentuza, mala gente. Políticos/as que piensan que los demás no somos personas como ellos o ellas y que no nos merecemos nada. Con su reparto de los lugares en la Cabalgata de Reyes, la antigua alcaldesa demostraba cada año que para ella las vidas de unos niñxs son mucho más valiosas que las vidas de otrxs. Ella lo negará, claro, pero a los hechos me remito.
El nuevo Ayuntamiento ha devuelto a los niños y las niñas con discapacidad su derecho a ver la Cabalgata de Reyes. Esta historia parecería una historia sentimentaloide si no fuera estrictamente verídica y, por tanto, absolutamente brutal y completamente política.