sábado, 20 de diciembre de 2014

Cuando eres niña y te toca vivirlo no eres consciente, pero luego, ahora, te pones a pensar y te das cuenta de lo importante que era ese momento de pedir lo que no tenías en tu configuración como ser deseante.
 
Y piensas, pienso, en esos diagnósticos de hiperactividad de los niños que lo tienen todo antes de pedirlo, antes de desearlo, esa sobreexcitación, sobreestimulación, sobreprotección...
 
El sobre, con la carta que pide, al buzón. El disfrute del deseo, la espera...
 
 
 

martes, 16 de diciembre de 2014

Antonio Orihuela dixit...

Yo no soy anarquista pero me gustaría serlo, porque el anarquismo, como el amor, es un estado de conciencia, una forma de estar en el mundo y una práctica social de los cuerpos; una especie de estado de gracia que se goza colectivamente y nos hace sentirnos individualmente vivos.
 
El anarquismo trae, sin necesidad de tener que morirte para ello, la promesa del paraíso en la tierra, pero es muy difícil ser anarquista, porque para ser anarquista hay que luchar cada segundo por vivir la anarquía y ese vivir es hoy un lugar cercado por el autoritarismo, la violencia, el lucro, la competitividad, la productividad, el consumismo y la idiocia.
 
Cada vez que me someto a otros, cada vez que me dejo manipular o dominar por la violencia, la tristeza, el miedo, las supersticiones, los prejuicios y la ignorancia sé que me alejo de ese estado de anarquía y me acerco al del integrado en el sistema; al estado propio de los que el sistema llama personas normales, aquellos que, como dijo Espinosa, viven dominados por las pasiones tristes, la ambición material, el poder y la soberbia.
 
Cuando trabajo en la integración, en la comprensión y en el amor hacia el prójimo y hacia nuestra madre Tierra; cuando coopero con otros en tareas y proyectos colectivos; cuando trato de educar mi ignorancia, espoleo mis inquietudes o reconozco mis muchos errores; cuando hago crecer lo mejor de la vida espiritual individual y colectiva en mí; cuando me dejo invadir por la dimensión sagrada de la existencia, entonces, sólo entonces, siento que camino en pos de Acracia, porque estoy modificando mi vida; porque estoy viviendo en plenitud, limpiando y esclareciendo mi conciencia.
 
Dos enemigos muy poderosos tiene la anarquía, mi egoísmo, que siempre está dispuesto a jugarme una mala pasada, y el sistema político y económico en el que vivimos, cuya violencia física y moral sobre los cuerpos y las consciencias ha engendrado todas las infinitas formas del sufrimiento y nos ha mostrado las más terribles facetas de la condición humana y de nuestra desventura política, como diría Jesús Lizano.
 
No obstante, también es cierto que algunos aliados tienen los que quieren vivir en anarquía y hacia ella orientan sus dubitantes pasos: el amor, el anhelo y el fervor no sólo de lo que puede un cuerpo, sino de lo que pueden los cuerpos armonizados en torno al sueño compartido de ir viviendo y recreando nuestra aventura poética en el planeta.
 
Los días en que consigo dar algunos pasos en esa dirección me pongo muy contento porque veo entonces a uno que, aun no siendo anarquista, camina en pos de Acracia.
 
ANTONIO ORIHUELA
 

La extraña pasajera, Irving Rapper (1942)

lunes, 15 de diciembre de 2014

Què volen aquesta gent?

Esta entrada es para la gente de mi generación y tiene que ver con la Ley Mordaza:



Una versión del maestro Nano:



Y aquel verso de una canción de Luis Pastor: Hijo, abrígate bien y ponte la bufanda, no vayas a coger alguna bala en los pulmones... Que no está el tiempo bueno todavía...

Enfermedades del invierno se titula la canción. Lo cual nos recuerda:



Y ¡hale!, otro círculo que se cierra...

domingo, 14 de diciembre de 2014

Joselu, profesor en la secundaria, ha escrito una carta a los Reyes Magos que incluye una lista de compromisos: aquí.
 
Le voy a copiar la idea.
Las hojas sueltas de la novela del vivir, compiladas y atadas con un lazo de los colores del arcoíris, no son sino eso: comienzos, reacciones ante las sucesivas novatadas que se van produciendo, vida p'alante. Te mantean y te caes, y te pones en pie, tras una alambicada pirueta. Te cuelgan un muñeco de papel, una llufa en la espalda, te señalan como el más bobo en el Día de los Inocentes, pero sigues. En pie, en pie otra vez, gorjeas, no importa que lo que emite tu garganta sea ya un seco graznido de cuervo viejo. Siempre seremos ruiseñores por dentro, como en el cuento, el corazón herido tanto por la inesperada crueldad de la espina como por la belleza indiferente de la rosa. Herido, dolorido y, sin embargo, triunfante porque has intentado comprender. Y eso es, en definitiva, lo que cuenta.
 
Maruja Torres, Diez veces siete. Una chica de barrio jamás se rinde, Barcelona, Planeta, 2014.
 
El cuento al que se refiere es El ruiseñor y la rosa, de Oscar Wilde, mi relato favorito de infancia junto a Alí Babá y los cuarenta ladrones y Mary Poppins...
 
El viernes pasado, a mis cincuenta, no pude evitar las lágrimas cuando lo escuché en la voz de Denis Rafter en Beloved sinner...
 
Eso: círculos que se cierran, explicaciones que tardan pero llegan.