«La chiquilla, la pequeña mecanógrafa, una muchacha como un mecanismo de relojería. Debajo hay otro estrato que siempre quiere algo, siempre busca algo, presa siempre del deseo, la oscuridad y la ignorancia; que no sabe adónde va ni de dónde viene. Un pensamiento sin palabras, un saber detrás de las palabras, una conciencia vigilante durante el sueño, lágrimas detrás de las sonrisas… Un cordón umbilical aún sin cortar, que conecta con el mundo oscuro. Uno sabe de la existencia del mundo gris y del mundo de la luz. Los conoce, aunque preferiría no saber nada del mundo oscuro e intenta negarlo con mentiras; pero ahí está, para todos. Y uno dice sufrimiento, otro dice dolor, o crimen, o sordidez… Dios mío, no hay ninguna palabra que lo defina a fondo. ¿Qué queda de mí? Lo malo y lo bueno, eso es una persona; el cielo y el infierno, eso es una persona; la tristeza y la alegría, eso es una persona; la cerrazón y la predisposición, eso es una persona; la guerra y la paz, eso es una persona; los instintos asesinos y los bondadosos, eso es una persona. Lo ajeno penetra hasta el fondo de tu ser y hace aflorar lo propio. Está en ti, en ti, todo está en ti, todo, todo, todo está en ti. Tu cuerpo ama aquello que tu pensamiento desea y tu pensamiento desea lo que tu cuerpo ama. La pálida muchacha es una llama viva, tiene unos ojos que hablan, que gritan. Es como todas: sabe mucho de sí misma y al mismo tiempo no sabe nada. Le arde la sangre, le arde el cerebro: arde, arde, arde. Miembros inquietos, deseo de carne, manos inquietas, deseo de carne: carne viva, carne que respira, carne que piensa… Un yo desbloqueado en dos, un yo desdoblado en mil. El yo y el deseo forzoso de un nosotros. El yo y la eterna llamada de un tú. Y todo lo demás es mentira… Deposita las mentiras diamantinas de la vergüenza sobre tu mundo oscuro; deposita las mentiras de hierro de la armonía cotidiana sobre tu mundo oscuro; pero no deposites las verdosas mentiras cobrizas de tu cobardía sobre tu mundo oscuro…»
Irmgard Keun, Gilgi, una de nosotras, Barcelona, minúscula, 2011
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